Blog de Psicólogos A&I

Recursos sobre Ansiedad, Trauma y Estrés

El dicho de "lo positivo llama a lo positivo" es toda una realidad y es que cuando pensamos en positivo tenemos muchas más probabilidades de que nos ocurran cosas buenas. ¿Por qué? Porque cuando pensamos en positivo nos enfocamos hacia las opciones más ventajosas para nosotros y somos capaces de enfrentar mejor las adversidades que se nos pogan en el camino. Además, cuando somos optimistas transmitimos mayor confianza a quienes nos rodean lo que nos puede beneficiar tanto a nivel interpersonal como a nivel profesional, la gente que transmite confianza es más capaz de alcanzar sus metas....

Introversión y extroversión son dos rasgos de personalidad estudiados por los psicólogos. Antes de nada, hay que decir que los conceptos de los psicólogos son para uso de los psicólogos y que nadie puede soltar etiquetas fuera de una consulta o un enfoque de investigación. Para mi todo etiquetado no solicitado, aunque sea de una persona experta, es una agresión. Un introvertido no tiene por qué ser una persona tímida. La timidez tiene elementos de ansiedad y nerviosismo, y aunque el introvertido también puede ser tímido, suele ser más bien una persona tranquila....

Hay un ejercicio muy útil que uso mucho en la consulta. Puede parecer de primeras muy sencillo pero da mucho juego. A la mayor parte de la gente le resulta sorprendente. El ejercicio trata sobre nuestros derechos personales, aquellos que todos tenemos y que siempre deberíamos velar por que se respeten. Aunque los derechos personales puedan parecer muy obvios, con frecuencia me encuentro que muchas personas no son ni siquiera conscientes de ellos y descubren que durante años no han ejercido algunos de estos derechos. Los derechos personales son un concepto básico, delimitan el respeto mínimo que debe darse entre dos personas y también el respeto que nos debemos a nosotros/as mismos/as. Además, pueden estar en el origen de problemas de depresión, de ansiedad, autoestima, de acoso laboral, de relación de pareja, etc., por eso es importante evaluarlos bien en el proceso de una psicoterapia.

¿Cuantas veces hemos deseado vivir la vida a través de los otros  poniendo en jaque nuestra autoestima, como si nosotros no tuviéramos una propia llena de experiencias personales que merecieran la pena ser vividas y acabamos  cotilleando y criticando al otro? Cuando esto sucede forma esporádica en un contexto social, lo podemos considerar bueno o malo, pero en ningún caso es mas que un simple comportamiento social, el problema viene cuando se cruza ese limite y esas comparaciones se vuelven recurrentes y obsesivas, en ese caso el apoyo de un psicólogo se hace necesario. Pero yo me voy a quedar en un estado anterior, cuando esas comparaciones son como una leve música de fondo que nos acompaña, y como transformarlas de fermento para una baja autoestima, a aliciente para mejorar nuestras vidas. Cuando las vidas de los que nos rodean o simplemente de los "amigos" de Facebook, son el reflejo dónde buscamos nuestras carencia, debilidades y frustraciones hay algo que no funciona. En esta sociedad hipermediática dónde lo privado ha dejado de tener ese carácter, y no hablo de la vulnerabilidad de los datos personales, si no a los que voluntaria y conscientemente compartimos en las redes sociales, han transformado la existencia de todo quisqui en un edén maravilloso, lleno de acontecimientos felices y grandes sonrisas. Buscar en esos lugares un reflejo donde mirarse resulta un viaje garantizado hacia la frustración, porque por lo general, esa manera de buscar no es mas que un acto masoquista,  que termina culpando al otro por...

Ya ninguna madre tendrá excusa para pedirle a su hijo que baje el volumen de su música heavy porque resulta que un estudio científico ha descubierto que estilos musicales como el heavy, el hardcore o el punk  tienen un efecto calmante para la ira. La Universidad de Queensland ha publicado un artículo  en cuyas conclusiones se echan abajo las teorías que afirman que la música llamada “extrema” induce a conductas violentas y agresivas. Y más allá de eso, concluye que el efecto de este tipo de música puede asimilarse al de un abrazo, ya que la persona que la escucha puede ver cómo se reducen sus niveles de estrés y hostilidad. Básicamente el estudio viene a decir que “unos señores psicólogos con bata blanca” han descubierto lo que muchos fans de este tipo de música sabían desde hace mucho tiempo: escuchar canciones de estos estilos musicales permite desfogar -de manera simbólica- la ira que a veces podemos sentir y ayuda a regular las emociones. En el estudio han participado 39 seguidores de dichos estilos musicales, de entre 18 y 34 años. A los participantes se les han inducido estados de ira hablando de temas que les provocasen malestar, como el trabajo o el dinero. Después se les ha pedido que escuchen 10 minutos de música heavy, hardcore, punk o screamo; para finalmente pedirles que permanecieran 10 minutos en silencio. El análisis de los resultados permite comprobar que los niveles de hostilidad y estrés de los participantes descienden tras escuchar la música. Si bien...

Actualmente el estrés es un compañero de fatigas de muchas personas que tienen que “sobrevivir” en un trabajo en el que día a día les explotan, en una vida en la que parece que nunca llegan a cumplir con las expectativas que se autoimponen, en un mundo en el que reina la incertidumbre de cómo irá el mañana...

Todos hemos pasado por momentos en los que, muchas veces para nuestro propio asombro, dejamos de tener interés por aquello que nos estimuló durante mucho tiempo, incluso, toda nuestra vida y queremos un cambio. Una necesidad de cambio que nace en nosotros mismos y no viene impuesta por factores externos como la jubilación, una separación…etc. El trabajo por el que tanto luchamos y creímos deja de motivarnos; en el negocio en el que invertimos todo nuestro tiempo y energía descubrimos que ya no queremos ni darle ese tiempo ni esa energía. De pronto nace en nosotros una necesidad de cambiar nuestros hábitos, nuestras creencias, nuestra forma de vida, porque una necesidad apremiante de “nuevo”  se instala en nuestra rutina, y es en este momento cuando las grandes preguntas y la incertidumbre aparecen en nuestra cabeza ¿Sigo viendo la vida pasar, o me lanzo a lo desconocido? Es decir, sigo en mi pequeña zona de confort, conocida y amable, que aunque no me satisfaga ni cumpla ya mis expectativas, es un territorio conquistado y manejable, o por el contrario me lanzo a una aventura que, dependiendo la edad, la situación personal y económica, el aburrimiento acumulado o la falta de motivación, tendrá unas consecuencias u otras, pero en todo caso, casi siempre implicará rupturas, dolor y en definitiva una crisis en lo que nos rodea y en nosotros mismos. Esa necesidad de cambio, de viaje hacia lo desconocido, suele suceder entre los 40 y 50 años. En esta etapa de la vida, en la...

La zona de confort es el espacio emocional en donde nos sentimos cómodos. No hay nada que temer, está todo controlado, es conocido, amable, fácil, pero quedarnos ahí  muchas veces no es tan cómodo como podría parecer y es necesario salir para crecer. En la zona de confort no se puede evolucionar emocionalmente pues no ha novedad, dificultad, adaptación y sobre todo lo que no hay es creatividad....

Comunica bien tus deseos, pensamientos y emociones eligiendo las palabras adecuadas, pero además valorando previamente si el contenido es el adecuado y lograrás generar empatía en tus relaciones. Es bueno echar una mirada atrás y ver de dónde venimos, más que nada por dónde estamos llegando o a dónde hemos llegado gracias a la comunicación de baja calidad a la que nos estamos habituando a pequeña y a gran escala. Después de la ultima saturación mediática que hemos vivido con las elecciones, los dimes y los diretes que han salpimentado periódicos, telediarios, foros, entrevistas y debates, reflexiono y me doy cuenta que no es más que un ejemplo a gran escala, por el alcance de la difusión que alcanzada, que pone en evidencia lo que nos encanta hablar a voz en grito o entre susurros sobre la vida ajena sin reflexionar sobre las repercusiones, generalmente negativas, que tiene o pueden llegar a tener ciertos comentarios. Hablar es uno de las facultades más relevantes que tiene el ser humano, y que lo diferencia de las otras especies. El habla ha convertido al ser humano en lo que es hoy: la especie dominante del planeta. Hablamos para comunicarnos, para transmitir al otro información sobre nuestras experiencias, emociones y situaciones. Pero comunicar no se trata de emitir palabras aisladas, como si estuviéramos leyendo un diccionario, sino que transmitimos frases que además cargamos de emotividad y contenido psicológico, y que transmitimos a otro, que a su vez traduce y dota de contenido propio que puede o no coincidir...

— F. Scott Fitzgerald