Blog de Psicólogos A&I

Recursos sobre Ansiedad, Trauma y Estrés

Existen multitud de definiciones de envejecimiento, la mayoría de ellas lo definen como una etapa más del desarrollo humano, en la que existe una lenta y progresiva involución, en ausencia de enfermedad. Esta involución afecta a las funciones físicas (por ejemplo, se va reduciendo la eficacia motora) y también a las cognitivas (por ejemplo, disminuye la velocidad de procesamiento) pero ello sin implicar patología, ni riesgo en la funcionalidad de la persona. Moragas (1991), enumera las características comunes en las definiciones de envejecimiento, entre las que están que es fenómeno intrínseco, progresivo, universal, individual, declinante, asincrónico, programado genéticamente y sobre el cual inciden diferentes factores como la herencia, factores ambientales y sanitarios, entre otros.

Sin embargo, la vejez patológica sería aquella que se desarrolla en un organismo con enfermedad y la vejez normal la que evoluciona sin patologías inhabilitantes. Esta clasificación resulta demasiado amplia, por ello dentro de la vejez normal también están aquellas personas que aunque no padezcan una enfermedad inhabilitante, presenta riesgo de padecerla. Tal como señala Fernández-Ballesteros, (1998) una vejez con éxito es la que mantiene salud (o ausencia de enfermedad) y habilidad funcional (ausencia de discapacidad). Dentro de este continuo, entre el envejecimiento normal y patológico existe el “deterioro cognitivo leve”, como declive cognitivo intermedio.

El cuidarse uno mismo permite beneficios personales como son el mantener una mejor calidad de vida y la propia salud, a pesar de las constantes adaptaciones que tenemos que ir haciendo. Esto además: Va a repercutir directamente sobre la salud de la persona cuidada. La memoria emocional, la detección del clima del entorno es una capacidad de los seres humanos que se mantiene hasta en casos de deterioro severo. Además nos permitirá prestar ayuda más tiempo. Ya que el desgaste físico y emocional no se producirá al mismo ritmo si nos “cuidamos”....

Existen muchas personas que tienen trastornos de sueño (insomnio, pesadillas, etc) en un momento dado de su vida o de manera crónica. Esto resulta preocupante porque el sueño es una de las necesidades básicas del ser humano y es imprescindible para que nuestro cuerpo y nuestra mente se recuperen y se reparen después del día.

Dentro de los trastornos de sueño que podemos sufrir se incluyen las distintas dificultades relacionadas con el hecho de dormir. Por lo tanto, se incluyen los problemas para conciliar el sueño o permanecer dormido, para mantener un horario regular de sueño, para permanecer despierto, y conductas anormales durante el sueño que hacen que nos despertemos y que descansemos peor.

Las causas más comunes que nos pueden llevar a que tengamos trastornos de sueño son: que estemos pasando por un momento en el que nos sentimos nerviosos, agobiados, angustiados, inseguros; que nos estemos sintiendo tristes o desanimados; y, por último, que tengamos unos hábitos de vida poco saludables, como por ejemplo que seamos poco regulares en cuanto a las horas a las que nos acostamos y nos levantamos.

Además, entre las causas más comunes también podemos incluir las que están más relacionadas con nuestro cuerpo como: que padezcamos una enfermedad o que tengamos molestias físicas; que estemos consumiendo algunos medicamentos que nos alteren el sueño; que consumamos tabaco, alcohol u otras drogas; o que consumamos cafeína en exceso.

En PAIDEIA somos conscientes de que los trastornos de sueño pueden afectar muy negativamente a nuestra calidad de vida y, en consecuencia, a cómo nos sentimos con nosotros mismos, con los demás y en el trabajo.  Por ello esperamos que nuestras pautas para dormir bien os sean útiles.

Desgraciadamente el fenómeno de que un compañero de colegio trate mal a otro compañero (a nivel psicológico, verbal o físico) está presente en los centros escolares españoles. Hemos observado que cada vez son más las madres y los padres que nos consultan  preocupados porque sus hijos están teniendo este tipo de problemas y por ello hemos querido escribir este artículo para que os sirva de orientación si consideráis que vuestro hijo tiene problemas con algún compañero de colegio:

  • En primer lugar, es probable que si nuestro hijo está teniendo problemas con algún compañero del colegio notemos que le pasa algo pero no sepamos muy bien de qué se trata.

Es común que si está teniendo problemas en el colegio notemos que está más nervioso (incluso que se muestre agresivo con nosotros), más triste, que ha bajado su rendimiento escolar, que tiene problemas de sueño o que tiene problemas físicos debido a su nerviosismo.

También puede ser que se invente excusas para no ir al colegio y que detectemos que durante el fin de semana parece estar mejor pero que el domingo por la tarde-noche empieza a encontrarse peor (porque prevea que al día siguiente va a tener que volver al colegio).

Además, puede que desde el colegio nos digan que notan que nuestro hijo ha empezado a comportarse de manera diferente a como lo hacía antes; por ejemplo puede que nos digan que está teniendo problemas para concentrarse en clase, que tiende a aislarse de sus compañeros, que evita bajar al recreo y prefiere quedarse hablando con algún profesor o ir a la biblioteca, etc.

Seguramente muchos de los padres y madres que leáis este artículo os sentiréis identificados con las preocupaciones que nos han transmitido algunas de las personas que acuden a nuestras consultas, por eso esperamos que esta lectura os sirva como orientación.

Cuando nos encontramos con que nuestros hijos han crecido, y que han pasado de ser niños a ser adolescentes, podemos sentirnos desorientados porque vemos que ha cambiado su manera de comportarse y de relacionarse con nosotros y con su entorno en general.

Por una parte, nos damos cuenta de que nuestros hijos reclaman que se les empiece a tratar como a adultos responsables, pero por otra parte vemos que continúan teniendo algunos comportamientos infantiles.

Es positivo asumir que nuestros hijos crecen y que el paso de la infancia a la adolescencia supone en muchos casos una crisis familiar. Entendiendo la palabra “crisis” como un momento de cambio que supone en el caso de la adolescencia una variación en las relaciones familiares, ya que nuestro papel como padres va cambiando a medida que nuestros hijos van madurando. Por lo tanto no debemos entender la palabra “crisis” como algo obligatoriamente malo, sino como un momento de transición que permite que acompañemos a nuestros hijos en su camino hacia la madurez.

(“ESTAR QUEMADO EN EL TRABAJO”)

 

Actualmente el Burnout es una de las causas más importantes de incapacidad laboral.

El Burnout es un síndrome clínico  que fue descrito en 1974 por el psiquiatra Freudemberg, quien desarrollaba su actividad profesional en una clínica para toxicómanos en Nueva York. Freudemberg observó que al año de trabajar, la mayoría de los voluntarios sufría una progresiva pérdida de energía, hasta llegar al agotamiento, síntomas de ansiedad y de depresión, así como desmotivación en su trabajo y agresividad con los pacientes.

 En las mismas fechas, la psicóloga social Cristina Maslach, estudiando las respuestas emocionales de las personas cuya actividad profesional suponía brindar ayuda a otros, se percató de que muchos de estos profesionales se encontraban afectados por la “sobrecarga emocional” o Síndrome de Burnout (Síndrome de “estar quemado”). Esta autora lo describió como “un síndrome de agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal” que puede ocurrir entre individuos que trabajan con personas.

A muchas personas la autoestima les afecta en una o varias áreas de su vida, lo que influye en sus posibilidades de desarrollo y satisfacción personal. La autoestima es la valoración que hacemos sobre nosotros mismos. Se desarolla a lo largo de toda nuestra vida a partir de las relaciones con los demás, especialmente las personas significativas (familia, amigos y amigas, compañeros de estudios y de trabajo…), y según nuestras propias percepciones y vivencias....

Saber comunicar y utilizar los elementos de la comunicación a nuestro favor puede ser de las cosas más importantes que aprendamos en la vida. Los objetivos del taller incluyen: 1) Ser conscientes de cómo nos comunicamos en múltiples niveles (verbal y no verbal) para saber qué podemos hacer para mejorar la comunicación. 2) Conocimiento de técnicas de comunicación que favorecen las relaciones interpersonales. 3) Ejercitación de actitudes que proporcionan relaciones más satisfactorias....

En la adolescencia adquiere gran importancia la autorregulación emocional y lo que se ha llamado inteligencia emocional, ya que promueve la comprensión de las emociones propias y de los demás, así como el manejo eficaz de las emociones que pueden aparecer en situaciones difíciles o de alta intensidad....

Se considera que un alumno presenta fracaso escolar cuando no es capaz de alcanzar el nivel de rendimiento medio acorde con su edad y nivel pedagógico. Esta situación puede generar un gran malestar en el alumno y en su familia. Los objetivos del taller incluyen: 1) Conocer nuestros puntos fuertes y débiles en los estudios. 2) Conocer los factores que intervienen en el aprovechamiento del estudio. 3) Aprender técnicas para mejorar nuestro rendimiento en dichos factores....