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Vivir la vida a través de los otros y la autoestima

Vivir la vida a través de los otros y la autoestima

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¿Cuantas veces hemos deseado vivir la vida a través de los otros  poniendo en jaque nuestra autoestima, como si nosotros no tuviéramos una propia llena de experiencias personales que merecieran la pena ser vividas y acabamos  cotilleando y criticando al otro?
Cuando esto sucede forma esporádica en un contexto social, lo podemos considerar bueno o malo, pero en ningún caso es mas que un simple comportamiento social, el problema viene cuando se cruza ese limite y esas comparaciones se vuelven recurrentes y obsesivas, en ese caso el apoyo de un psicólogo se hace necesario. Pero yo me voy a quedar en un estado anterior, cuando esas comparaciones son como una leve música de fondo que nos acompaña, y como transformarlas de fermento para una baja autoestima, a aliciente para mejorar nuestras vidas.

Cuando las vidas de los que nos rodean o simplemente de los “amigos” de Facebook, son el reflejo dónde buscamos nuestras carencia, debilidades y frustraciones hay algo que no funciona. En esta sociedad hipermediática dónde lo privado ha dejado de tener ese carácter, y no hablo de la vulnerabilidad de los datos personales, si no a los que voluntaria y conscientemente compartimos en las redes sociales, han transformado la existencia de todo quisqui en un edén maravilloso, lleno de acontecimientos felices y grandes sonrisas. Buscar en esos lugares un reflejo donde mirarse resulta un viaje garantizado hacia la frustración, porque por lo general, esa manera de buscar no es mas que un acto masoquista,  que termina culpando al otro por tener lo que tu no tienes y a ti mismo por no tenerlo. Ese “tu sí, yo no” “para ti si, para mí no” es una forma de pensamiento estéril, que pone de manifiesto la soledad, la baja autoestima, y una cierta dependencia.
Esa forma de intentar encontrarnos a nosotros mismos a través del otro, se trasforma en un bucle sin esperanza donde realmente la comparación termina siendo odiosa y a demás inútil.

Si nos encontramos en esa situación vital, te propongo que contestes a unas sencillas preguntas:

  • ¿A quién estoy mirando? No es lo mismo mirar a una persona que reúna una serie de valores morales, intelectuales, humanos, que a alguien que carezca de ellos. Si buscamos un reflejo, busquemos un espejo bueno, entendiendo por bueno, que sea enriquecedor para nosotros mismos pues nos aporta positivamente.
  • ¿Qué es lo que estoy mirando, comparando? La sociedad contemporánea es una sociedad que oculta lo que bajo su criterio considera feo para así resplandecer a pesar de las circunstancias. La apariencia de felicidad absoluta encuentra su máximo exponente en los millones de fotos compartidas en las redes sociales. Meros reflejos de fugitivos instantes vitales, que no suelen corresponder a ninguna cotidianidad. Redirige tu mirada al reflejo de toda una vida, solo allí encontrarás una imagen veraz
  • ¿Cómo me hace sentir lo que miro?  Eres capaz de reconocer que el impacto de esa presencia en tu vida te ha hecho evolucionar, crecer, cambiar, renacer, desarrollar talentos y habilidades que no pensabas tener y te ha hecho comprender que la felicidad esta en tu interior. Si es así, sigue mirándote en ese espejo.

Encuentra inspiración en:

Pelis:
Ahora en el cine: “Ciudades de papel”
En vídeo: “Viaje de noche a Lisboa”

 

 

 

Monica Lamberti
megustaloquehago@gmail.com
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