Emprender un proyecto, un cambio de vida, sea o no autogestionado, genera dudas y miedos que pueden paralizarnos. Como psicólogos podemos ayudar a gestionar estos momentos a través de nuestra experiencia y las herramientas que brindan la psicología y el coaching estratégico. Veamos a continuación los miedos que me encuentro más a menudo en las sesiones de coaching profesional para emprendedores: 1. MIEDO AL FRACASO: creo que es uno de los miedos que más causa ansiedad y estrés en quienes comienzan un proyecto. Incluye el miedo a sentirse "un fracasado" si el proyecto no da los frutos esperados, y también el miedo a que los demás sean espectadores del fracaso de nuestro proyecto. Cuando la persona percibe que ha fracasado puede llegar a caer en una depresión. Afrontar este miedo supone a veces un cambio conceptual, un cambio en la narrativa del proceso de emprender que incorpore el propio proceso de error y fallo en motor de crecimiento y aprendizaje. 2. MIEDO A LA INCERTIDUMBRE: este miedo también puede causar una gran ansiedad y estrés, y es que cuando trabajamos de manera autónoma o en nuestro propio proyecto normalmente no tenemos una nómina fija al mes, con lo que no podemos predecir cómo nos irá el mes siguiente. En términos de cómo procesa nuestro cerebro la información, incertidumbre equivale a peligro. Como empresarios y autónomos sabemos que tener rutinas de equilibrio y relajación o meditación ayuda mucho a navegar estos mares de incertidumbre, desde la base segura del día a día, y la...

Recientemente ha saltado a las noticias la decisión de la cantante española Pastora Soler de abandonar su carrera musical tras haber sufrido un desmayo en un concierto debido al pánico escénico. Copio las palabras de Pastora Soler en las que explica el momento por el que está pasando:
Hoy os anuncio la decisión de dejar mi actividad profesional hasta volver a recuperar la confianza en mí.
'Os hablo desde un corazón roto de dolor, de impotencia y con esta angustia que he sentido y siento y que tardaré mucho en olvidar… Como os dije anoche el respeto por mi público es lo más grande que he aprendido en estos 20 años'...'Debí tomar la decisión de poner un punto y aparte en mi carrera hace algunos meses pero mis ganas de luchar me impulsaron a seguir… Hoy os anuncio la decisión de dejar mi actividad profesional hasta volver a recuperar la confianza en mí. Lo siento con toda mi alma'
La ansiedad es uno de los problemas que más frecuentemente traen las personas que vienen a nuestro centro de psicología. Es muy común que cuando indagamos en situaciones en las que han tenido síntomas de ansiedad me hablen de que en algún momento han sentido que la ansiedad les desbordaba. Además, muchas personas tienen miedo de no poder salir de ese estado máximo de ansiedad, y en parte es por la aparente falta de control asociada a estos estados. Pero en realidad, cuando repasamos esas situaciones, vemos que evidentemente, ese punto álgido no se mantiene indefinidamente en el tiempo. Siempre acaba parando o disminuyendo.

La curva de la ansiedad tiene una forma de campana o de montaña redondeada

Por otra parte, si pensamos en una situación en la que hemos sentido ansiedad nos daremos cuenta de que va creciendo a medida que la situación avanza, hasta que llega a un punto máximo y después va decreciendo hasta que llegamos a nuestro estado anterior, es decir, hasta que volvemos a estar más tranquilos. Esto es lo que se denomina curva de la ansiedad.
Usamos y abusamos de la palabra 'estrés', pero ¿sabémos de dónde se ha cogido el término? Un breve repaso de la historia: Originalmente el término estrés proviene del campo de la física, concretamente de la física de metales, donde se aplica para referirse a la modificación que experimenta un cuerpo 'elástico' cuando actúa sobre él una fuerza externa. Lo cual nos indica que en el fenómeno del estrés hay al menos dos 'momentos' o 'actores'; por una parte, una exigencia generada desde el 'exterior' (el 'estresor', estímulo o agente del estrés) que, por otra parte, produce una respuesta, una adaptación o una modificación en el receptor determinada en función de su 'resistencia' (segundo actor).
[vc_row css_animation="" row_type="row" use_row_as_full_screen_section="no" type="full_width" angled_section="no" text_align="left" background_image_as_pattern="without_pattern"][vc_column][vc_column_text css=""]Cuando hago sesiones de coaching laboral, tanto para personas desempleadas como para quienes buscan encontrar un trabajo mejor, muy frecuentemente me plantean que lo que más cuesta son las entrevistas personales que prácticamente todo proceso de selección tiene. Tras indagar en las causas de estas dificultades para afrontar las entrevistas, muchas veces llegamos a la conclusión de que no sabemos gestionar bien la ansiedad, junto con una falta de seguridad en sí mismos En este tipo de entrevistas normalmente se ponen en juego dos grandes factores. Por una parte los conocimientos técnicos y las aptitudes para desempeñar el puesto de trabajo para el cual estamos optando. Y por otra parte nuestras actitudes personales y la imagen que damos de nosotros mismos en la entrevista. Muchas veces me encuentro en las sesiones de coaching laboral con personas que aún dominando el primer factor (los conocimientos técnicos y aptitudes) no consiguen demostrarlos durante las entrevistas y ven cómo se traban y se bloquen ante preguntas técnicas supuestamente sencillas. Esto, evidentemente, perjudica al desarrollo del resto de la entrevista y, más allá de eso, hace que tengan una visión pesimista para futuras entrevistas.

Aprovechando que hoy es sábado y que tenemos todo el fin de semana por delante, os preguntamos: ¿y por qué no dedicar un tiempo a escribir una carta de amor para nosotros mismos? Vamos a ver cómo lo podemos hacer; empecemos por hablar sobre la autoestima. una buena autoestima supone querernos valorando nuestras virtudes y también aceptando nuestros defectos La autoestima es cómo nos valoramos a nosotros mismos en todas nuestras facetas: físicamente, intelectualmente, como amigos y como amigas, como mujeres, como hombres, como hijos y como hijas,...

Cuando nos encontramos tristes, con el ánimo bajo o con depresión tendemos a dejar de hacer las cosas que antes nos hacían disfrutar y que nos relajaban. Muy a menudo esto ocurre porque cuando nos encontramos deprimidos sentimos que las cosas que antes nos gustaban ahora ya no nos producen placer, por lo que perdemos la motivación y la ilusión por hacerlas.
practicar ejercicio regularmente puede ser útil para aliviar los síntomas de la depresión  porque mejora la producción de hormonas y neurotransmisores
Por otra parte cuando estamos tristes o con depresión parece que nos falta la energía que antes teníamos y hasta lo más cotidiano puede resultarnos fatigoso. De repente nos encontramos con que preferimos estar tumbados en la cama a salir a dar un paseo al sol, cuando antes éramos personas más activas. [embed]https://www.flickr.com/photos/sleepeverywhere/12482080443[/embed]

Como ya hemos tratado otras veces, aprender a relajarnos nos ayuda a reducir nuestra ansiedad, nuestro estrés y mejora nuestro estado de ánimo cuando estamos pasando por una depresión. Para ello es importante crear rutinas y espacios que formen parte de nuestro día a día, de forma que cuando lleguemos a casa tengamos disponible un rincón que nos sirva como "nuestro refugio” de tranquilidad, con rutinas donde poder estar un tiempo con nosotros mismos, tranquilos, meditando, en calma y dejándonos sentir verdaderamente en un lugar seguro. Esto nos ayudará a desconectar del ritmo acelerado que llevamos fuera de casa y nos permitirá hacer una transición entre el estrés de nuestro trabajo y nuestro espacio personal y familiar. Para crear “mi lugar” debemos buscar o crear un rincón en nuestra casa que nos agrade (basta con un pequeño rincón) y que podamos usar para estar tranquilos y en soledad por unos momentos. Opcionalmente podemos acondicionar este lugar con objetos que hagan la estancia más bonita, más agradable, con objetos que nos resulten acogedores, tranquilizadores y que sintamos como nuestros (por ejemplo unas figuritas, unos pañuelos, láminas, algún recuerdo emotivo…). También los aromas agradables pueden ayudarnos a relajarnos y a reducir nuestra ansiedad y estrés, para ello añadiremos a “mi lugar” aromas que nos resulten placenteros y que nos ayuden a combatir nuestro estado de ánimo cuando nos sentimos con depresión (por ejemplo con incienso, aromas esenciales, flores naturales como el espliego, la lavanda o la melisa…) Además, la música también os puede ayudar a aumentar...