La ansiedad es uno de los problemas que más frecuentemente traen las personas que vienen a nuestro centro de psicología. Es muy común que cuando indagamos en situaciones en las que han tenido síntomas de ansiedad me hablen de que en algún momento han sentido que la ansiedad les desbordaba. Además, muchas personas tienen miedo de no poder salir de ese estado máximo de ansiedad, y en parte es por la aparente falta de control asociada a estos estados. Pero en realidad, cuando repasamos esas situaciones, vemos que evidentemente, ese punto álgido no se mantiene indefinidamente en el tiempo. Siempre acaba parando o disminuyendo.

La curva de la ansiedad tiene una forma de campana o de montaña redondeada

Por otra parte, si pensamos en una situación en la que hemos sentido ansiedad nos daremos cuenta de que va creciendo a medida que la situación avanza, hasta que llega a un punto máximo y después va decreciendo hasta que llegamos a nuestro estado anterior, es decir, hasta que volvemos a estar más tranquilos. Esto es lo que se denomina curva de la ansiedad.
Usamos y abusamos de la palabra 'estrés', pero ¿sabémos de dónde se ha cogido el término? Un breve repaso de la historia: Originalmente el término estrés proviene del campo de la física, concretamente de la física de metales, donde se aplica para referirse a la modificación que experimenta un cuerpo 'elástico' cuando actúa sobre él una fuerza externa. Lo cual nos indica que en el fenómeno del estrés hay al menos dos 'momentos' o 'actores'; por una parte, una exigencia generada desde el 'exterior' (el 'estresor', estímulo o agente del estrés) que, por otra parte, produce una respuesta, una adaptación o una modificación en el receptor determinada en función de su 'resistencia' (segundo actor).
[vc_row css_animation="" row_type="row" use_row_as_full_screen_section="no" type="full_width" angled_section="no" text_align="left" background_image_as_pattern="without_pattern"][vc_column][vc_column_text css=""]Cuando hago sesiones de coaching laboral, tanto para personas desempleadas como para quienes buscan encontrar un trabajo mejor, muy frecuentemente me plantean que lo que más cuesta son las entrevistas personales que prácticamente todo proceso de selección tiene. Tras indagar en las causas de estas dificultades para afrontar las entrevistas, muchas veces llegamos a la conclusión de que no sabemos gestionar bien la ansiedad, junto con una falta de seguridad en sí mismos En este tipo de entrevistas normalmente se ponen en juego dos grandes factores. Por una parte los conocimientos técnicos y las aptitudes para desempeñar el puesto de trabajo para el cual estamos optando. Y por otra parte nuestras actitudes personales y la imagen que damos de nosotros mismos en la entrevista. Muchas veces me encuentro en las sesiones de coaching laboral con personas que aún dominando el primer factor (los conocimientos técnicos y aptitudes) no consiguen demostrarlos durante las entrevistas y ven cómo se traban y se bloquen ante preguntas técnicas supuestamente sencillas. Esto, evidentemente, perjudica al desarrollo del resto de la entrevista y, más allá de eso, hace que tengan una visión pesimista para futuras entrevistas.