Sentirse mal y hacer como que no nos pasa nada (Psicología y Música)
¿Cuántas veces os habéis sentido mal, con ansiedad, depresión, estrés, baja autoestima...
¿Cuántas veces os habéis sentido mal, con ansiedad, depresión, estrés, baja autoestima...
Uno de las herramientas que más usamos con personas que sufren ansiedad, estrés en sus vidas, o están entrando en una depresión, es el aprendizaje acerca del poder regulador de la respiración en nuestras vidas. Es algo que puede cambiar positivamente el estado mental de una persona....
Emprender un proyecto, un cambio de vida, sea o no autogestionado, genera dudas y miedos que pueden paralizarnos. Como psicólogos podemos ayudar a gestionar estos momentos a través de nuestra experiencia y las herramientas que brindan la psicología y el coaching estratégico. Veamos a continuación los miedos que me encuentro más a menudo en las sesiones de coaching profesional para emprendedores: 1. MIEDO AL FRACASO: creo que es uno de los miedos que más causa ansiedad y estrés en quienes comienzan un proyecto. Incluye el miedo a sentirse "un fracasado" si el proyecto no da los frutos esperados, y también el miedo a que los demás sean espectadores del fracaso de nuestro proyecto. Cuando la persona percibe que ha fracasado puede llegar a caer en una depresión. Afrontar este miedo supone a veces un cambio conceptual, un cambio en la narrativa del proceso de emprender que incorpore el propio proceso de error y fallo en motor de crecimiento y aprendizaje. 2. MIEDO A LA INCERTIDUMBRE: este miedo también puede causar una gran ansiedad y estrés, y es que cuando trabajamos de manera autónoma o en nuestro propio proyecto normalmente no tenemos una nómina fija al mes, con lo que no podemos predecir cómo nos irá el mes siguiente. En términos de cómo procesa nuestro cerebro la información, incertidumbre equivale a peligro. Como empresarios y autónomos sabemos que tener rutinas de equilibrio y relajación o meditación ayuda mucho a navegar estos mares de incertidumbre, desde la base segura del día a día, y la...
Os invitamos a conocer la iniciativa de concienciación ciudadana sobre el uso seguro de los medicamentos que han puesto en marcha desde el laboratorio de prácticas innovadoras en polimedicación y salud (PoliMedLabs) y No Gracias, en colaboración con OCU (organización de consumidores y usuarios)-Salud. La campaña se llama PastillasLasJustas.org. Se ha divulgado a través de la revista de salud de la OCU a partir de folletos informativos, en la página web y a través de las redes (#PastillasLasJustas). La campaña tiene por objeto divulgar una serie de consejos -algunos de ellos basados en la evidencia, otros de sentido común-, para un consumo más crítico, juicioso y prudente de los fármacos. Para ello, además de poder descargarte el folleto con las 7 reglas en conjunto o los de cada uno de los consejos por separado, pondremos a tu disposición una presentación para utilizar en tu centro de trabajo con tus compañeros o para actividades de educación para la salud ciudadana, y así contribuyes a divulgar la campaña y las reglas para el uso seguro de los medicamentos. Ningún medicamento tiene riesgo cero y son comunes los errores y los consumos inadecuados, con efectos adversos para la salud. Ten en cuenta, además, que el riesgo de que tengas problemas relacionados con los medicamentos es alto si...
Especialmente los que vivimos en ciudades, vivimos en entornos que producen ansiedad, estresantes, y que a juzgar por el enorme número de medicamentos recetados contra la ansiedad y sus problemas derivados, normalizan el vivir al límite del ataque de pánico. Lo primero para superarlo es dejar de sentirse único, y darse cuenta de que aunque no solamos hablar de ello, se trata de algo bastante habitual hoy en dia, desgraciadamente. Y buscar ayuda.
Algunos de los síntomas orientativos asociados a la ansiedad: - Preocupación excesiva - Pensamientos o sentimientos negativos sobre uno mismo - Inseguridad - Temor a que nos noten la ansiedad y a lo que pensarán si esto sucede - Molestias estomacales, o digestivas (comer en exceso o lo contrario, falta de apetito) - Sudor - Temblores - Tensión, palpitaciones, corazón acelerado - Inquietud (pies, manos, rascarse, etc.) - Fumar, comer o beber en exceso - Evitación de situacionesPor lo general no nos gustan las etiquetas y diagnósticos, hay tantos tipos de ansiedad como personas ansiosas, y no toda la ansiedad ni la angustia es mala. A veces son indicadores de que algo no va del todo bien, de que se necesita un cambio, y apagar esa alerta es tan bueno como desactivar el cuadro de luces de un coche. En nuestra opinión, lo mejor contra la ansiedad es aprender a relajarse, reservar un tiempo para uno mismo y dedicarse el trabajo de pensar en la vida que llevamos, o en el mundo que vivimos. Con menos recetas de ansiolíticos y más de psicoterapia, seguramente las personas harían más por reducir sus fuentes de ansiedad mala, que en simplemente aturdirla y hacer como si no la padecieran. Habría seguramente mucho más descontento y desobediencia ciudadana en estos tiempos de "crisis".
El siguiente artículo de El País lanza algunas claves sobre este asunto. Hemos colado algún comentario. Como indica, la falta de recursos en la sanidad pública hace que la mayor parte de estos casos se traten exclusivamente con medicación (el médico de cabecera, que es quien principalmente los detecta, cuenta con 5 minutos de consulta por paciente, y la lista de espera para un psicólogo por la pública es de unos dos meses). Lo cual cuadra perfectamente con el perfil de pacientes que nosotros recibimos: han probado diferentes medicaciones, y tras dos o tres años, deciden invertir un poco más acudiendo a un psicólogo privado. Normalmente no aciertan a la primera. Eso sí, nosotros no llegamos a los 90 euros por sesión que dicen en el artículo. Sabemos que eso no lo puede pagar casi nadie. No somos tan elitistas.
::..
Elena se despierta sobresaltada. No ha tenido pesadillas, o no las recuerda. Mira el reloj: las cuatro y cuarenta y cinco de la madrugada. La misma hora que ayer, y antes de ayer, y todas las noches desde hace una semana. El corazón acelerado, un sudor frío brotándole de súbito, el estómago en la boca. No se alarma, no demasiado. Sabe lo que no le pasa. No le va a dar un ataque al corazón, no se va a morir, no en este momento. La primera vez que le sucedió algo así “pero a lo bestia”, hace un par de años, poco después de la traumática muerte de su padre, se asustó tanto que su marido, que ahora duerme como un tronco a su lado, la llevó a urgencias del hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, a 10 minutos de su casa, creyendo que le estaba dando un infarto. En absoluto. Después de que un internista descartara tal posibilidad, Elena acabó con un ansiolítico debajo de la lengua y un diagnóstico rápido del psiquiatra de guardia que posteriormente confirmaría el psicólogo privado al que acudió durante todo el año siguiente: ataque de pánico compatible con trastorno de ansiedad generalizada.
Desde entonces, Elena, de 42 años, casada y madre de dos hijos, está aprendiendo a vivir con su angustia. Hija modelo, hermana mayor, trabajadora perfeccionista, madre clueca, se recuerda siempre preocupada por todo y por todos. Pero desde aquel “clic” que ella atribuye al fallecimiento de su padre y su consiguiente “quiebra emocional”, la preocupación se le fue de las manos. Aún tiene rachas. Aunque se reconoce nerviosa a menudo, mantiene su inquietud a raya a base de disciplina. Pero un revés familiar, una mala noticia, un apretón de trabajo como el que le cayó hace una semana puede volver a desencadenarle “yuyus” como el descrito.
La ansiedad prepara al organismo para atacar, esconderse o huir de un depredador. El problema es cuando el ‘tigre’ es la vida
Momentos en los que siente que no llega, que algo malo va a suceder, que no puede con su vida. Por eso ya no se asusta. Ni recurre a los comprimidos de benzodiacepinas que le prescribió el psiquiatra. Sabe que si aguanta el tiempo suficiente controlando la respiración, cerrando los ojos, tratando de pensar en otra cosa, el sudor remitirá, pasarán las náuseas, el corazón volverá a su ritmo. Puede que hasta le dé tiempo a echar una cabezada hasta las siete, hora en la que tendrá que levantarse, llevar a sus hijos al colegio y empezar su jornada de 10 horas en una agencia de publicidad. Elena padece de ansiedad, el trastorno mental menor más común –entre un 15% y un 20% de la población, mujeres en una proporción de dos tercios, lo sufrirá en algún momento de su vida, según la OMS–, y la va capeando como puede, como tantos. La diferencia es que ella lo sabe porque un día su inquietud la puso contra las cuerdas y pidió ayuda. Otros ni siquiera le ponen nombre ni remedio a su sinvivir.
Al borde del abismo.Días de vértigo. Presión insostenible. Cumbres de infarto. Tiempos convulsos. Llevamos meses, años incluso, leyendo a diario sentencias apocalípticas en los medios a propósito de la situación de las empresas, los Gobiernos, los países, la humanidad entera. No es de extrañar que muchos estén al borde de un ataque de nervios.
Individual y colectivamente. El 45% de los trabajadores tienen miedo a perder su empleo y más del 80% creen que las cosas no mejorarán en un futuro próximo, según el estudio Los españoles y la enfermedad del miedo, publicado por la Fundación Pfizer en 2010. El doctor Enrique Baca, especializado en psiquiatría y neurología, alertó en la presentación del mismo de que ese miedo puede llevar a las personas y a la sociedad a la ansiedad y la parálisis. La paradoja es que si no estuviéramos ansiosos, estaríamos muertos.
[ Pfizer es una de las principales compañías farmacéticas del mundo ]
QUÉ ES LA ANSIEDAD. LA ANSIEDAD DESDE EL PUNTO DE VISTA EVOLUTIVO
La ansiedad es un mecanismo de defensa de los seres humanos frente al peligro. El sistema de alerta cerebral que activa el organismo para encarar las amenazas y que nos ha permitido sobrevivir como especie desde hace milenios. Imaginemos a un hombre primitivo que presiente que un depredador –pongamos un tigre– viene a por él. Sus sentidos se agudizan, su corazón se acelera, sube su presión arterial. Su cuerpo se prepara para atacar al enemigo, esconderse o huir. Eso es ansiedad. La ansiedad buena. La que nos salva la vida cuando vemos que el coche de delante frena y hace que nosotros también frenemos en milésimas de segundo para evitar el choque. La que nos permite pensar y actuar más rápida y eficientemente cuando el tiempo apremia.
“El problema es cuando no hay tigre”, explica el psiquiatra Alberto Fernández-Liria, jefe del servicio de salud mental del hospital de Alcalá de Henares. “O cuando el tigre es un gato como salir a la calle, acudir al trabajo, conocer gente, lidiar con los problemas del día a día, enfrentar la vida cotidiana. No vivimos en la selva, la estrategia tiene que ser diferente. La ansiedad normal se convierte en patológica cuando nos anula, nos paraliza, nos causa más problemas de los que nos quita”.
La ansiedad normal se convierte en patológica cuando nos anula, nos paraliza, nos causa más problemas de los que nos quita
Fernández-Liria tiene prohibido a su equipo decirle a ningún paciente “a usted no le pasa nada” o “lo suyo es de la cabeza” cuando acuden a urgencias con una crisis de pánico como la de Elena. “Claro que les pasa algo: tienen taquicardia, contracciones musculares que pueden ser dolorosísimas, sienten que les falta el aire, se creen morir. Hay que explicarles que su cuerpo se ha preparado para salir por patas porque percibe un peligro que puede ser o no real. Decirles qué les sucede suele tranquilizarles bastante. Después viene el abordaje terapéutico, que no es tan simple. El objetivo es que el afectado cambie ese mecanismo, que aprenda a poner las cosas en su sitio. No se trata de no tener ansiedad, sino de saber manejarla”.
Se considera que un alumno presenta fracaso escolar cuando no es capaz de alcanzar el nivel de rendimiento medio acorde con su edad y nivel pedagógico. Esta situación puede generar un gran malestar en el alumno y en su familia. Los objetivos del taller incluyen: 1) Conocer nuestros puntos fuertes y débiles en los estudios. 2) Conocer los factores que intervienen en el aprovechamiento del estudio. 3) Aprender técnicas para mejorar nuestro rendimiento en dichos factores....