Enamorarse supone una catarata de emociones, endorfinas, hormonas, sensaciones miedos y especulaciones, muchas veces difíciles de gestionar y elaborar. En las relaciones afectivas viajamos del éxtasis a la tristeza, y de la alegría a la melancolía con velocidades de vértigo e veces. Esta experiencia puede ser aún más desbordante si cabe para una persona con rasgo PAS o altamente sensible. Como ya comentamos en nuestro comentario sobre "Coaching en personas altamente sensibles", las personas con rasgo PAS, tienen una percepción del mundo amplificada. Hay autores que etiquetan a los individuos con rasgo PAS como personas como un don especial dada su gran conciencia hacia los estímulos sutiles, su enorme capacidad de observación, empatía con las emociones del otro y su creatividad; pero también son personas muy reactivas que siempre están a la defensiva y atentos al más mínimo de talle que puedan considerar como una agresión. Son quisquillosos y susceptibles lo que les avoca, inevitablemente, a sentirse más afectados o heridos, dado que su umbral de dolor y frustración es considerablemente mas bajo que el del resto del mundo. Aunque son personas que gustan de la soledad pues no se sienten cómodos en la sociedad, en el grupo, también son personas que sucumben a las flechas de cupido, incluso con mayor facilidad que la media. Es más, dentro de ese 20% de individuos que conforman el segmento poblacional de PAS , encontramos a muchos enamoradizos, aunque también podemos encontrar en el polo opuesto, a individuos con rasgo PAS que huyen de las...
Cuando trabajo desde el coaching me encuentro mucha gente que que se bloquea debido a su perfeccionismo. La diferencia entre aspirar a hacer las cosas bien y el perfeccionismo es que en el primer caso intentamos alcanzar nuestras metas siendo eficientes y eficaces, lo que nos puede ayudar a la hora de rendir en una tarea. Mientras que en el segundo caso aspiramos a hacer la tarea perfecta, es decir, que nos ponemos muy altas exigencias que difícilmente podemos cumplir....
El otro día hablando con una de las personas que atiendo en mi consulta de psicología en Madrid me dí cuenta de que el concepto de asertividad puede ser complicado de entender. Por eso hoy quiero hablar sobre qué es y qué no es la asertividad. Empecemos hablando sobre los tres grandes estilos de comunicación; pasivo, agresivo y asertivo: ESTILO COMUNICATIVO PASIVO: Es aquel en el que la persona no expresa su opinión, sus pensamientos, sus sentimientos o sus necesidades, por lo que tiende a adaptarse a lo que propone y quiere el otro. Un ejemplo de ello sería un par de amigos que quedan para ir al cine, uno de ellos propone una película que no le apetece al otro, pero el otro amigo no es capaz de decirle que no quiere verla por lo que finalmente compran entradas para dicha película....
En más de una ocasión me he encontrado en mi consulta de psicóloga personas adultas que me comentan que se sienten inseguras consigo mismas, que afrontan los problemas con ansiedad, y que sienten que tienen una baja autoestima. Entre estas personas me he encontrado con unas cuantas que cuando nos hemos puesto hablar sobre su familia me describían a sus padres como sobreprotectores. Esto es, padres que han tendido a resolverles ciertas situaciones para que ellos no tuvieran que aforntarlas o que preocuparse por nada, padres que se mostraban temerosos a la hora de permitirles salir con amigos en la adolescencia por los posibles peligros que se pudieran encontrar en la calle, e incluso, padres a los que les ha costado aceptar que sus hijos se encontraban en una edad idónea para independizarse....
Aunque parezca una contradicción que en una misma frase puedan coexistir dos palabras como "miedo" y "felicidad", lo cierto es que me encuentro en mi consulta de psicología con cierta frecuencia a personas que sin saberlo tienen miedo a ser felices. Normalmente son personas que viven angustiadas por posibles situaciones de futuro que pueden ir mal y que cuando en un momento de su vida parece irles bien, viven con el temor -y casi con la certeza- de que en breve algo malo les pueda suceder. Es decir, que o bien viven proyectadas en un futuro catastrófico o bien viven en una calma tensa a la espera de que "venga algo malo". Cuando me comentan el tipo de pensamientos que tienen y la ansiedad, el estrés y la depresión que les invade, siempre les pregunto si creen que se merecen ser felices. En este punto reflexionan y la mayor parte de los casos tienen que reconocerse que realmente consideran que no valen lo suficiente como para merecer ser felices. Ahí es donde se ponen al descubierto la baja autoestima, la inseguridad y la culpabilidad que les acompaña. Porque si no nos apreciamos a nosotros mismos difícilmente podemos creernos merecedores de tener una vida feliz, difícilmente nos enfocaremos hacia esa vida y difícilmente nos rodearemos de personas que nos hagan felices. Por lo contrario, lo más probable es que no podamos disfrutar de los momentos buenos que nos brinde la vida porque estaremos demasiado ocupados preocupándonos por un futuro negativo que quizás nunca llegue. Pensando...
¿Cuántas veces os habéis sentido mal, con ansiedad, depresión, estrés, baja autoestima...
Hoy empiezo el día con poesía y destaco la siguiente pregunta: ¿Creías acaso que debía odiar la vida, refugiarme en el desierto, pues no florecían los sueños todos de la aurora adolescente? ¿Debemos odiar la vida por no alcanzar las expectativas que nos habíamos hecho? ¿Debemos sentir ansiedad o estar frustrado por no tener exactamente la vida que habíamos proyectado? Aquí os dejo el poema completo: PROMETEO- J. W. Goethe ¡Cubre tu cielo, Zeus, de nubes vaporosas! ¡Dedícate, como un mozo que corta flores de cardo, a los robles y cimas de los montes! Pero déjame mi tierra, la choza que no has construido y también mi hogar por cuyo fuego me envidias. Nada más pobre conozco bajo el sol, oh dioses, que a vosotros. Mezquinos, alimentáis vuestra majestad con los tributos que son las ofrendas y el hálito de los rezos; y moriríais de hambre si no fueran locos llenos de esperanza los niños y los mendigos. Cuando era un niño y todo en mi confusión, mis ojos desorientados miraban al sol cual si más allá hubiera oídos para oír mi queja y un corazón como el mío, capaz de apiadarse del angustiado. ¿Quién me ayudó contra la arrogancia de los titanes? ¿Quién me salvó de la muerte y de la esclavitud? ¿No lo has hecho todo tú, corazón sagrado y ardiente? Ardoroso, joven, bueno, ¿no diste las gracias, engañado, por salvarte, a quien arriba dormía? ¿Honrarte, yo? ¿Por qué? ¿Has calmado el sufrimiento de quien vive abrumado? ¿Has enjugado las lágrimas de la persona angustiada? ¿No me han forjado y hecho hombre el tiempo todopoderoso y el eterno destino, amos míos como tuyos? ¿Creías acaso que debía odiar la vida, refugiarme en el desierto, pues no florecían los sueños todos de la aurora adolescente? Aquí estoy formando a hombres a mi semejanza e imágen; a una estirpe que...