Sentirse mal y hacer como que no nos pasa nada (Psicología y Música)
¿Cuántas veces os habéis sentido mal, con ansiedad, depresión, estrés, baja autoestima...
¿Cuántas veces os habéis sentido mal, con ansiedad, depresión, estrés, baja autoestima...
La película sobre la vida de Stephen Hawking es una buena oportunidad para acercanos a la esclerosis lateral amiotrófica....
Miguel Brieva[/caption]
-¿No sabemos aprovechar todas esas oportunidades como algo favorable para nuestro bienestar?Algunos grupos terapéuticos siguen siendo de los más recetados y con un abordaje principalmente farmacológico. Hacen falta más psicólogos, más psicoterapia. (vía) Sano y Salvo...
Los médicos recomiendan dormir de 7 a 9 horas cada noche, pero en nuestra cultura dinámica de veinticuatro horas no resulta sencillo seguir el consejo. Los efectos más o menos comunes vinculados con la falta total o parcial de sueño son muy variados.La irritabilidad, el dolor de cabeza, la distracción, la mala memoria o la melancolía son algunos de los efectos más conocidos vinculados a la falta de sueño. Sin embargo, muchos otros problemas de salud, tanto a nivel físico como psíquico, tienen origen en el insomnio. Un estudio llevado a cabo por la Universidad de California con alumnos de la escuela secundaria reveló que la supresión de la clase más temprana, de 7:30 a 8:30, mejoró los resultados en un 2 por ciento en matemáticas y en un 1 por ciento en lectura. Pruebas similares en grupos de adultos también mostraron que el sueño prolongado repercute favorablemente en la capacidad de estudio.
Un conductor semidormido no es mejor que uno borracho, según los neurólogos. Si los accidentes causados por quedarse dormido al volante son comunes, en el caso de los pilotos, médicos de emergencias y otros profesionales que deben estar despiertos muchas horas, también existe un riesgo elevado de accidente o de negligencia.
Estar despierto cuando el organismo quiere dormir perjudica el metabolismo, lo que a su vez afecta a la resistencia a la insulina y de diabetes tipo 2. Además, la falta de sueño provoca un desequilibrio hormonal que aumenta el apetito y disminuye el control de los impulsos, combinación que conduce directamente al aumento de peso u obesidad.
La falta de sueño también amenaza al sistema inmunológico y a la defensa natural del cuerpo contra los microorganismos. La revista 'Psychosomatic Medicine' recoge un experimento con 19 personas que se vacunaron contra la hepatitis A a los que se sometió a diferentes horarios de sueño. Diez durmieron por espacio de 8 horas y el resto no durmió en absoluto. Al cabo de 4 semanas los primeros presentaban casi el doble de anticuerpos de hepatitis A. "El sueño debe ser considerado como un factor fundamental en el éxito de la vacunación", escriben los investigadores.
Estudios realizados en 2013 demostraron que un sueño anómalo afecta negativamente a la actividad genética. Un experimento demostró que pasar una semana durmiendo menos de 6 horas cada noche deriva en un comportamiento anormal de 700 genes, algunos de los cuales participan en el control de reacciones inmunes y de estrés.
La soledad es el nuevo lujo, componente indispensable para que la habilidad creativa o estratégica se transforme en innovación. En la era del consumo y el trabajo colaborativos, autores y psicólogos reivindican el poder del trabajo en solitario y recuerdan que no es casual que las grandes ideas e innovaciones partan siempre del esfuerzo individual.
Trabajar en oficinas diseñadas para colaborar, de acuerdo con la tendencia New Groupthink ("nuevo pensamiento grupal"), consigue lo contrario que se propone, explican décadas de investigaciones: la interrupción e interacción constantes reducen tanto la productividad como la innovación.
Colaborar es el mantra de nuestra época. Compartir es tan "cool" que, aparentemente, nos estamos olvidando del sano esfuerzo de estrujarse el cerebro en solitario, y tanto individuos como empresas notan sus consecuencias.
La intuición de personalidades creativas de todos los campos y épocas es refrendada ahora por nuevas evidencias: la soledad es un catalizador esencial de la innovación, pese a sus connotaciones negativas en una época en que se impone compartir y se detectan fenómenos como el de la sobrecarga informativa.
Susan Cain, autora del libro Quiet: The Power of Introverts in a World That Can’t Stop Talking consideraque, pese a los ejemplos históricos y las evidencias científicas que sugieren la importancia del trabajo en solitario, "el Nuevo Pensamiento en Grupo se ha apropiado de nuestros centros de trabajo, nuestras escuelas e instituciones religiosas".
"Cualquiera que haya necesitado alguna vez auriculares para abstraerse en su oficina, o marcado en su calendario en línea una reunión falsa para escapar de alguna verdadera, sabe a qué me refiero".
Cain recuerda que "prácticamente todos los trabajadores estadounidenses pasan tiempo en equipo y alrededor de un 70% desempeñan su labor en oficinas de planta abierta, donde nadie tiene 'una habitación para uno mismo'".
No es casual que Susan Cain use la expresión en inglés "a room of one's own" (una habitación o espacio propio): coincide con el título de un ensayo de Virginia Woolf, donde la escritora británica destacaba la importancia de que una mente creativa tenga un refugio propio e infranqueable en el que concentrarse.
Inspirado en el ensayo de Woolf, el periodista y profesor Michael Pollan describe en A place of my own(un título con claro deudor) el proceso y recorrido tanto físico como espiritual derivados de la construcción de una cabaña de escritor.
La crítico Francine du Plessix Gray describe, en su crítica del ensayo de Pollan, la esencia de uno de los secretos peor guardados de la creatividad humana, ya que muchos hemos llegado a conclusiones similares experimentando con nuestra propia capacidad de concentración en distintas situaciones y contextos:
"[El libro] es una inspiradora meditación acerca de la compleja relación entre el espacio, el cuerpo y el espíritu humanos". En definitiva: sin nuestra placenta (sea una mesa de despacho, el váter, una habitación, una cabaña aislada, el avión en medio del Atlántico, el silencio de la mañana o noche, la música en los auriculares), nos cuesta dar lo mejor de nosotros mismos.
Los psicólogos Mihaly Csikszentmihalyi y Gregory Feist han publicado un estudio donde argumentan que el individuo es más creativo cuando disfruta de privacidad y un entorno sin constantes interrupciones.
La mente del ser humano no está preparada para tanta exigencia. Vivimos de una manera antinatural, con una cantidad de exigencias que no son sostenibles.
Especialmente los que vivimos en ciudades, vivimos en entornos que producen ansiedad, estresantes, y que a juzgar por el enorme número de medicamentos recetados contra la ansiedad y sus problemas derivados, normalizan el vivir al límite del ataque de pánico. Lo primero para superarlo es dejar de sentirse único, y darse cuenta de que aunque no solamos hablar de ello, se trata de algo bastante habitual hoy en dia, desgraciadamente. Y buscar ayuda.
Algunos de los síntomas orientativos asociados a la ansiedad: - Preocupación excesiva - Pensamientos o sentimientos negativos sobre uno mismo - Inseguridad - Temor a que nos noten la ansiedad y a lo que pensarán si esto sucede - Molestias estomacales, o digestivas (comer en exceso o lo contrario, falta de apetito) - Sudor - Temblores - Tensión, palpitaciones, corazón acelerado - Inquietud (pies, manos, rascarse, etc.) - Fumar, comer o beber en exceso - Evitación de situacionesPor lo general no nos gustan las etiquetas y diagnósticos, hay tantos tipos de ansiedad como personas ansiosas, y no toda la ansiedad ni la angustia es mala. A veces son indicadores de que algo no va del todo bien, de que se necesita un cambio, y apagar esa alerta es tan bueno como desactivar el cuadro de luces de un coche. En nuestra opinión, lo mejor contra la ansiedad es aprender a relajarse, reservar un tiempo para uno mismo y dedicarse el trabajo de pensar en la vida que llevamos, o en el mundo que vivimos. Con menos recetas de ansiolíticos y más de psicoterapia, seguramente las personas harían más por reducir sus fuentes de ansiedad mala, que en simplemente aturdirla y hacer como si no la padecieran. Habría seguramente mucho más descontento y desobediencia ciudadana en estos tiempos de "crisis".
El siguiente artículo de El País lanza algunas claves sobre este asunto. Hemos colado algún comentario. Como indica, la falta de recursos en la sanidad pública hace que la mayor parte de estos casos se traten exclusivamente con medicación (el médico de cabecera, que es quien principalmente los detecta, cuenta con 5 minutos de consulta por paciente, y la lista de espera para un psicólogo por la pública es de unos dos meses). Lo cual cuadra perfectamente con el perfil de pacientes que nosotros recibimos: han probado diferentes medicaciones, y tras dos o tres años, deciden invertir un poco más acudiendo a un psicólogo privado. Normalmente no aciertan a la primera. Eso sí, nosotros no llegamos a los 90 euros por sesión que dicen en el artículo. Sabemos que eso no lo puede pagar casi nadie. No somos tan elitistas.
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Elena se despierta sobresaltada. No ha tenido pesadillas, o no las recuerda. Mira el reloj: las cuatro y cuarenta y cinco de la madrugada. La misma hora que ayer, y antes de ayer, y todas las noches desde hace una semana. El corazón acelerado, un sudor frío brotándole de súbito, el estómago en la boca. No se alarma, no demasiado. Sabe lo que no le pasa. No le va a dar un ataque al corazón, no se va a morir, no en este momento. La primera vez que le sucedió algo así “pero a lo bestia”, hace un par de años, poco después de la traumática muerte de su padre, se asustó tanto que su marido, que ahora duerme como un tronco a su lado, la llevó a urgencias del hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, a 10 minutos de su casa, creyendo que le estaba dando un infarto. En absoluto. Después de que un internista descartara tal posibilidad, Elena acabó con un ansiolítico debajo de la lengua y un diagnóstico rápido del psiquiatra de guardia que posteriormente confirmaría el psicólogo privado al que acudió durante todo el año siguiente: ataque de pánico compatible con trastorno de ansiedad generalizada.
Desde entonces, Elena, de 42 años, casada y madre de dos hijos, está aprendiendo a vivir con su angustia. Hija modelo, hermana mayor, trabajadora perfeccionista, madre clueca, se recuerda siempre preocupada por todo y por todos. Pero desde aquel “clic” que ella atribuye al fallecimiento de su padre y su consiguiente “quiebra emocional”, la preocupación se le fue de las manos. Aún tiene rachas. Aunque se reconoce nerviosa a menudo, mantiene su inquietud a raya a base de disciplina. Pero un revés familiar, una mala noticia, un apretón de trabajo como el que le cayó hace una semana puede volver a desencadenarle “yuyus” como el descrito.
La ansiedad prepara al organismo para atacar, esconderse o huir de un depredador. El problema es cuando el ‘tigre’ es la vida
Momentos en los que siente que no llega, que algo malo va a suceder, que no puede con su vida. Por eso ya no se asusta. Ni recurre a los comprimidos de benzodiacepinas que le prescribió el psiquiatra. Sabe que si aguanta el tiempo suficiente controlando la respiración, cerrando los ojos, tratando de pensar en otra cosa, el sudor remitirá, pasarán las náuseas, el corazón volverá a su ritmo. Puede que hasta le dé tiempo a echar una cabezada hasta las siete, hora en la que tendrá que levantarse, llevar a sus hijos al colegio y empezar su jornada de 10 horas en una agencia de publicidad. Elena padece de ansiedad, el trastorno mental menor más común –entre un 15% y un 20% de la población, mujeres en una proporción de dos tercios, lo sufrirá en algún momento de su vida, según la OMS–, y la va capeando como puede, como tantos. La diferencia es que ella lo sabe porque un día su inquietud la puso contra las cuerdas y pidió ayuda. Otros ni siquiera le ponen nombre ni remedio a su sinvivir.
Al borde del abismo.Días de vértigo. Presión insostenible. Cumbres de infarto. Tiempos convulsos. Llevamos meses, años incluso, leyendo a diario sentencias apocalípticas en los medios a propósito de la situación de las empresas, los Gobiernos, los países, la humanidad entera. No es de extrañar que muchos estén al borde de un ataque de nervios.
Individual y colectivamente. El 45% de los trabajadores tienen miedo a perder su empleo y más del 80% creen que las cosas no mejorarán en un futuro próximo, según el estudio Los españoles y la enfermedad del miedo, publicado por la Fundación Pfizer en 2010. El doctor Enrique Baca, especializado en psiquiatría y neurología, alertó en la presentación del mismo de que ese miedo puede llevar a las personas y a la sociedad a la ansiedad y la parálisis. La paradoja es que si no estuviéramos ansiosos, estaríamos muertos.
[ Pfizer es una de las principales compañías farmacéticas del mundo ]
QUÉ ES LA ANSIEDAD. LA ANSIEDAD DESDE EL PUNTO DE VISTA EVOLUTIVO
La ansiedad es un mecanismo de defensa de los seres humanos frente al peligro. El sistema de alerta cerebral que activa el organismo para encarar las amenazas y que nos ha permitido sobrevivir como especie desde hace milenios. Imaginemos a un hombre primitivo que presiente que un depredador –pongamos un tigre– viene a por él. Sus sentidos se agudizan, su corazón se acelera, sube su presión arterial. Su cuerpo se prepara para atacar al enemigo, esconderse o huir. Eso es ansiedad. La ansiedad buena. La que nos salva la vida cuando vemos que el coche de delante frena y hace que nosotros también frenemos en milésimas de segundo para evitar el choque. La que nos permite pensar y actuar más rápida y eficientemente cuando el tiempo apremia.
“El problema es cuando no hay tigre”, explica el psiquiatra Alberto Fernández-Liria, jefe del servicio de salud mental del hospital de Alcalá de Henares. “O cuando el tigre es un gato como salir a la calle, acudir al trabajo, conocer gente, lidiar con los problemas del día a día, enfrentar la vida cotidiana. No vivimos en la selva, la estrategia tiene que ser diferente. La ansiedad normal se convierte en patológica cuando nos anula, nos paraliza, nos causa más problemas de los que nos quita”.
La ansiedad normal se convierte en patológica cuando nos anula, nos paraliza, nos causa más problemas de los que nos quita
Fernández-Liria tiene prohibido a su equipo decirle a ningún paciente “a usted no le pasa nada” o “lo suyo es de la cabeza” cuando acuden a urgencias con una crisis de pánico como la de Elena. “Claro que les pasa algo: tienen taquicardia, contracciones musculares que pueden ser dolorosísimas, sienten que les falta el aire, se creen morir. Hay que explicarles que su cuerpo se ha preparado para salir por patas porque percibe un peligro que puede ser o no real. Decirles qué les sucede suele tranquilizarles bastante. Después viene el abordaje terapéutico, que no es tan simple. El objetivo es que el afectado cambie ese mecanismo, que aprenda a poner las cosas en su sitio. No se trata de no tener ansiedad, sino de saber manejarla”.
Un estudio de psicología clínica experimental demuestra lo que el psicoanálisis y otras corrientes de psicología que sí valoran la vida inconsciente llevan más de un siglo defendiendo: nuestro inconsciente sabe muchas veces más de nuestras verdades de lo que nosotros mismos nos reconocemos.
Claro, que los científicos preferirían siempre hablar de "vida automática" antes que de vida inconsciente... El problema siempre ha sido demostrar la existencia de esta vida inconsciente con medios científicos "chatos" (los de la ciencia cuantificadora positivista empírica), cuando simplemente basta ver lo que sucede en la vida pública para darse cuenta de que está ahí. Como decía el profesor Cencillo, si el inconsciente no existiera, los políticos no mentirían, ni robarían, no incumplirían su programa (o harían justo lo contrario), y un largo etcétera.
En cualquier caso, las conclusiones del estudio, que en general es mejor elegir a la pareja con las tripas que con la cabeza, caen en una generalización bastante ingenua, ya que nuestro inconsciente también nos pone "trampas" y trata muchas veces de resolver conflictos no resueltos a través de la elección de pareja, como vemos muchas veces en terapia.
las conclusiones del estudio, que en general es mejor elegir a la pareja con las tripas que con la cabeza, caen en una generalización bastante ingenua, ya que nuestro inconsciente también nos pone "trampas"-- ¿Será tu media naranja? Escucha a tus vísceras