Cuando trabajo desde el coaching me encuentro mucha gente que que se bloquea debido a su perfeccionismo. La diferencia entre aspirar a hacer las cosas bien y el perfeccionismo es que en el primer caso intentamos alcanzar nuestras metas siendo eficientes y eficaces, lo que nos puede ayudar a la hora de rendir en una tarea. Mientras que en el segundo caso aspiramos a hacer la tarea perfecta, es decir, que nos ponemos muy altas exigencias que difícilmente podemos cumplir....

Con el coaching pretendemos ayudar a las personas a que puedan sacar lo mejor de ellas mismas, a superar limitaciones autoimpuestas y a sentirse motivados para aprovechar todo su potencial. La atención es una de las variables que entran en juego a la hora de poder avanzar en el desarrollo de nuestro potencial y, como cualquier otra aptitud o habilidad, podemos entrenarla. La atención es una de las variables que entran en juego a la hora de poder avanzar en el desarrollo de nuestro potencial Hoy me centraré en hablar sobre los distintos tipos de atención que existen y para qué necesitamos cada uno de ello: Empecemos por la definición de atención: es la aplicación voluntaria de la actividad mental o de los sentidos a un determinado estímulo u objeto mental o sensible. Atención selectiva: nos permite concentrarnos en una sola cosa o fuente de información y en una única tarea. De manera que podemos centrarnos en el estímulo relevante e ignorar el resto de estímulos. [embed]https://www.flickr.com/photos/cyberfrancis/4684158[/embed] Atención dividida: nos permite atender simultaneamente varias actividades o estímulos. Para ello tiene que haber un procesador central o ejecutivo que se encargue de planificar cuántos recursos atencionales se destinarán a cada actividad o estímulo. Supone realizar la selección de más de una información a la vez o de más de un proceso de acción  simultáneamente. Atención sostenida: nos permite concentrarnos en un único estímulo durante un tiempo continuado sin cometer errores. Atención focalizada: nos permite enfocar la atención en un estímulo determinado, pero en este caso no se valora el...

[vc_row css_animation="" row_type="row" use_row_as_full_screen_section="no" type="full_width" angled_section="no" text_align="left" background_image_as_pattern="without_pattern"][vc_column][vc_column_text css=""]Cuando hago sesiones de coaching laboral, tanto para personas desempleadas como para quienes buscan encontrar un trabajo mejor, muy frecuentemente me plantean que lo que más cuesta son las entrevistas personales que prácticamente todo proceso de selección tiene. Tras indagar en las causas de estas dificultades para afrontar las entrevistas, muchas veces llegamos a la conclusión de que no sabemos gestionar bien la ansiedad, junto con una falta de seguridad en sí mismos En este tipo de entrevistas normalmente se ponen en juego dos grandes factores. Por una parte los conocimientos técnicos y las aptitudes para desempeñar el puesto de trabajo para el cual estamos optando. Y por otra parte nuestras actitudes personales y la imagen que damos de nosotros mismos en la entrevista. Muchas veces me encuentro en las sesiones de coaching laboral con personas que aún dominando el primer factor (los conocimientos técnicos y aptitudes) no consiguen demostrarlos durante las entrevistas y ven cómo se traban y se bloquen ante preguntas técnicas supuestamente sencillas. Esto, evidentemente, perjudica al desarrollo del resto de la entrevista y, más allá de eso, hace que tengan una visión pesimista para futuras entrevistas.