Tu Yo es un algoritmo de tu cerebro (o algo parecido)

Llevo más de 30 años intentando entender el fenómeno de la consciencia. Recuerdo con 12 o 13 años conseguir quedarme en el salón con mis padres viendo la película Blade Runner, de Ridley Scott, fascinado por la historia. El guión estaba basado en “¿Sueñan los robots con ovejas electrónicas?” del genial escritor Philip K. Dick. Esa película me puso delante la complejidad de la pregunta ¿qué es lo que hace a los humanos, Humanos?

Mi camino hasta ser psicoterapeuta me llevó desde el mundo de la ciencia ficción, a la filosofía, la antropología y finalmente, la psicología. Y por aquí sigo, investigando, porque lo cierto es que la ciencia no tiene aún ni mucho menos una idea o consenso sobre qué es la consciencia o qué la constituye. Ni siquiera sobre el funcionamiento del cerebro y su posible papel causal. De verdad. Suena fuerte, pero no exagero. Tenemos muy poca idea, y algunos incluso dudan de si existe el libre albedrío.

El caso es que en mi consulta a veces hablo con mis clientes del cerebro, de la consciencia, a veces lo que tratamos nos lleva a este tema, y cuando pasa les doy mi explicación abreviada de cómo entiendo yo esto de la consciencia.

Hago un pequeño inciso previo de neuropsicología: ¿sabes qué son las neuronas? Las células del cerebro. No todas son iguales, y no todas realizan las mismas funciones o tienen las mismas cualidades, pero todas ellas tienen capacidad de digamos conexión, comunicación y vinculación entre ellas. Suelo decir que son como las luces de un árbol de Navidad muy particular y complejo. Puedes encenderlas todas pero también puedes encender algunas partes y no otras, o hacerlas variar en patrones diferentes. Las combinaciones y permutaciones que podrían hacerse son enormes. En el caso de las neuronas se dice que el número de combinaciones y permutaciones por individuo supera el número teórico de estrellas del universo. Ahí es nada.

Y hay que tener en cuenta y añadir a este puzzle de la consciencia el interesante aspecto de que las neuronas se comunican sin tocarse realmente. Lo hacen alterando el espacio que hay entre ellas, llamado sinapsis, a través de los neurotransmisores. A veces para explicar este proceso digo que ese espacio se llena de algo parecido a un perfume muy particular que usan para hacerse señales, un perfume cambiante, hecho de unos ingredientes limitados, pero con cuya composición se puede jugar y varíar creando diferentes “aromas”. Es algo más complejo que un encendido/apagado y tiene que ver con la imbricación de lo neurológico en los diferentes susbistemas (lo psico-neuro-endocrino-inmulógico, así de largo). Las drogas o los psicofármacos como los antidepresivos juegan con alterar la disponibilidad de alguno de estos ingredientes (típicamente la serotonina) en el espacio presináptico, el espacio entre neuronas.

Pues bien, verás, para mi, la consciencia ordinaria, el estado con el que te levantas cada mañana, y que suele tener un patrón estable (y a la vez dinámico), el Iñaki que se levanta cada día cuando mi despertador me lo dice, tiene lugar mediante un patrón probabilísticamente estable de activación de redes neuronales. Todo sistema tiende a un punto de equilibrio en un proceso conocido como homeostasis. Este patrón entiende su punto de equilibrio como «lo más lo habitual», lo ordinario. Ese patrón cambia el día de la semana que decido no levantarme con despertador sino cuando mi cuerpo quiera, y mi consciencia lo agradece, por supuesto. Pero ese acto pequeño en sí cambia todo el algoritmo para el resto de semana, de una manera que no podría si no lo hiciera. Ese día de la semana estoy rompiendo patrones e introduciendo uno nuevo, uno que además me devuelve la sensación de descanso, regeneración, libertad, ausencia de alerta y de ser centro de toma de decisiones, fuente del control.

Los ejercicios de meditación o mindfulness que trabajamos en la consulta permiten también interferir en esto, y aunque mucha gente piensa que es complicado, es algo que tras un breve entrenamiento puede hacerse, en realidad en muchos momentos del día fácilmente y con diferente duración. Unos segundos, lo que tardas en cerrar los ojos, recreando con tu imaginación un lugar seguro, o en tandas de 5, 10, 30 minutos. Lo que cada cual desee o pueda. Hacerlo te permitirá tunear ese maravilloso algoritmo de la vida, de la consciencia. Ya que voluntariamente podemos decidir conectar con la belleza, la gratitud, la humildad y la trascendencia, date permiso para hacerlo más.

Iñaki López
ilopez@psicologiaenmadrid.es

Psicólogo psicoterapeuta acreditado como Psicólogo General Sanitario. Experto en psicoterapia, EMDR y terapia de grupo. Experto en meditación y coaching.