27 Jun ¿Cuáles son los tipos de apego y por qué importa tanto?
¿Te has preguntado alguna vez por qué algunas personas parecen tener relaciones súper sanas, mientras que otras se tropiezan con los mismos dramas una y otra vez? Pues la respuesta puede estar en algo que aprendimos desde que éramos bebés: el apego.
El apego es ese vínculo emocional que formamos con las personas importantes en nuestra vida. Se origina en nuestros primeros años de vida, con nuestros cuidadores (sí, mamá, papá o quien te haya criado). ¡Pero ojo! No es algo que se queda en la infancia, nos acompaña en todas nuestras relaciones, ya sean de amistad, amorosas o familiares. Aunque gracias a una psicoterapia podemos influir en ello.
Hay cuatro tipos principales de apego, y cada uno de ellos afecta cómo nos relacionamos con los demás, ¡así que vale la pena conocerlos!
1. Apego seguro: El ideal de Instagram
Las personas con apego seguro son como esas relaciones que ves en redes sociales y piensas: «¡Tienen todo lo que quieren!». Desde pequeños, aprendieron que podían confiar en que sus cuidadores estarían ahí para ellos. Su relación fue modulada por haberse sentido suficientemente queridos, atendidos, seguros y valorados. Esto les da una base suficientemente sólida para confiar en los demás sin temor a ser abandonados o traicionados. Son personas que no se asustan ante la intimidad, que se sienten cómodas tanto estando cerca como respetando el espacio de los demás, y que manejan bien el conflicto en las relaciones. Son esas personas que no rehuyen el conflicto, pueden tener una discusión de buena fe y sin que parezca que todo se va a desmoronar. En resumen, son el ideal al que todos aspiramos (aunque no siempre lo logremos).
– Cómo se comportan en relaciones: Son personas abiertas, afectuosas, y se sienten cómodas tanto dando como recibiendo amor. No les da miedo el compromiso y tampoco se agobian si su pareja necesita un poco de espacio. Tampoco tienen problema en decirte lo que les molesta o no les gusta, o lo que ven como un problema, porque quieren resolverlo (bien) y estar a gusto. En resumen, son bastante equilibrados.
– Ejemplo típico: Juan no se preocupa cuando su pareja se va de viaje por trabajo. Confía en ella y aprovecha el tiempo para hacer sus cosas sin sentir que el mundo se acaba.
2. Apego ansioso: ¿Me amas? ¿Seguro? ¿Segurísimo?»
Las personas con apego ansioso suelen tener un miedo constante a ser abandonadas o rechazadas. Si te identificas con este tipo de apego, probablemente te preocupe mucho lo que los demás piensen de ti y sientas que necesitas una validación constante para estar bien. De pequeños, estas personas quizás tuvieron cuidadores que a veces eran muy atentos, pero otras veces no tanto, por los motivos que fueran. Esta ambivalencia les hizo desarrollar esa necesidad de estar siempre pendientes de si están recibiendo suficiente atención.
Este tipo de apego puede llevar a comportamientos como mandar 20 mensajes seguidos si no te contestan (no te preocupes, todos lo hemos hecho alguna vez), o sentir que siempre estás esforzándote más que la otra persona en la relación. La buena noticia es que con un poco de trabajo personal, por ejemplo en una psicoterapia, puedes aprender a gestionar estas ansiedades y construir relaciones más equilibradas.
Cómo se comportan en relaciones: Son intensos en sus relaciones, necesitan mucha validación y se preocupan mucho por si su pareja los va a dejar. La frase «¿me quieres?» está siempre en su cabeza (y a veces en sus labios también).
3. Apego evitativo: «No necesito a nadie, gracias»
Las personas con apego evitativo son como los lobos solitarios del mundo de las relaciones. Desde pequeños, aprendieron que depender de los demás era una mala idea, una fuente de problemas y en el mejor de los casos una pérdida de tiempo, a veces porque sus cuidadores no estuvieron emocionalmente disponibles para ellos. Así que, en lugar de arriesgarse y resultar heridos, prefieren cerrarse, mantener la distancia o mostrar una falsa sensación de autosuficiencia. Estas personas valoran mucho su independencia y les cuesta abrirse emocionalmente a los demás.
Ejemplo típico: ¿Sabes ese amigo que siempre dice «todo bien» cuando claramente no está bien? Probablemente tenga apego evitativo. Aunque esto pueda sonar como que aparentemente tienen todo bajo control, la realidad es otra ya que se trata más bien de una coraza o armadura, un personaje con el que han aprendido a manejarse por la vida, pero a menudo sufren en silencio y les cuesta conectar de manera profunda con otros.
4. Apego desorganizado: Un lío emocional
Este es el tipo de apego más complicado y, a veces, el más doloroso y puede que hasta enloquecedor para sus parejas. Las personas con apego desorganizado crecieron en entornos caóticos, negligentes o traumáticos, donde sus cuidadores eran una fuente tanto de consuelo como principalmente de dolor, miedo o problemas. Esto puede generar mucha confusión sobre cómo son las relaciones, ya que tienen el deseo de cercanía, pero al mismo tiempo, un miedo profundo al rechazo o al daño.
Pueden parecer impredecibles: un día están muy cerca, y al siguiente, completamente distantes o en modo crisis, o combate a muerte sin razones aparentes. Este tipo de apego requiere un poco trabajo más profundo en terapia, pero no significa que sea imposible para estas personas lograr relaciones positivas y saludables a largo plazo.
¿Qué hago si me identifico con alguno de estos tipos?
Primero, respira. Todos llevamos nuestras historias de vida a cuestas y, aunque el apego influye mucho en nuestras relaciones, no es una sentencia definitiva. La buena noticia es que estos patrones se pueden cambiar con el tiempo y, sobre todo, con autoconocimiento y trabajo personal. La terapia es un lugar perfecto para explorar tu tipo de apego y cómo está afectando tus relaciones.
Recuerda, el primer paso es entenderte mejor, y eso ya es un gran avance, para ti, y para tus relaciones. ¡Así que felicidades por estar aquí leyendo esto!
¿Conclusión? No importa cuál sea tu estilo de apego, siempre hay espacio para mejorar y aprender a tener relaciones más sanas y equilibradas. ¡En tu mano está el poder para lograrlo!