¿Te has preguntado alguna vez por qué algunas personas parecen tener relaciones súper sanas, mientras que otras se tropiezan con los mismos dramas una y otra vez? Pues la respuesta puede estar en algo que aprendimos desde que éramos bebés: el apego. El apego es ese vínculo emocional que formamos con las personas importantes en nuestra vida. Se origina en nuestros primeros años de vida, con nuestros cuidadores (sí, mamá, papá o quien te haya criado). ¡Pero ojo! No es algo que se queda en la infancia, nos acompaña en todas nuestras relaciones, ya sean de amistad, amorosas o familiares. Aunque gracias a una psicoterapia podemos influir en ello. Hay cuatro tipos principales de apego, y cada uno de ellos afecta cómo nos relacionamos con los demás, ¡así que vale la pena conocerlos! 1. Apego seguro: El ideal de Instagram Las personas con apego seguro son como esas relaciones que ves en redes sociales y piensas: "¡Tienen todo lo que quieren!". Desde pequeños, aprendieron que podían confiar en que sus cuidadores estarían ahí para ellos. Su relación fue modulada por haberse sentido suficientemente queridos, atendidos, seguros y valorados. Esto les da una base suficientemente sólida para confiar en los demás sin temor a ser abandonados o traicionados. Son personas que no se asustan ante la intimidad, que se sienten cómodas tanto estando cerca como respetando el espacio de los demás, y que manejan bien el conflicto en las relaciones. Son esas personas que no rehuyen el conflicto, pueden tener una discusión de buena fe...