Millennials
Son mas de 80 millones en EE.UU, y en España representan ya a una población de mas de ocho millones de personas. Se trata de la franja de jóvenes entre 18 y 33 años que en el año 2025, según la consultora Deloitte supondrán el 75% de la fuerza laboral mundial. Son los jóvenes mejores preparados que ninguna sociedad ha tenido nunca, con un poder de compra de 1,3 billones de dólares, pero que, sin embargo, está comprando mucho menos que sus predecesores. Los millennials alargan su adolescencia hasta los 40 años, sufren un paro sin precedentes, desconfían de los bancos y las instituciones, y por eso no se hipotecan con la compra de viviendas y coches. Son individuos que a la hora de trabajar valoran mas el enriquecimiento personal y el grado de satisfacción y prestigio que el trabajo les pueda proporcionar, que la retribución económica. Ya no vale trabajar dónde sea al precio que sea, el millennials exige de la empresa una actitud ética, por eso siempre preferirán Sillicon Valley antes que un puesto en Wall Street. Es la generación nativa de Internet, la primera que ha crecido en la red participando activamente en las redes sociales y en el intercambio de información, la opinión es la que cuenta e inclina la balanza sobre un producto u otro, una empresa, una película, un libro. Es la generación que duerme con su smartphone, del selfie, del crowdfunding, los vehículos compartidos, de los huertos urbanos, del libro electrónico y los contenidos gratis, pero paradójicamente,...
Por eso siempre recomendamos, "quejaos, quejaos", y a ser posible, por escrito y con formularios oficiales. El siguiente artículo sobre el benchmarking resultará explicativo de lo anterior. El benchmarking (que literalmente se refiere a las marcas que el caudal de un río deja en su entorno) puede definirse como un proceso sistemático y continuo para evaluar comparativamente los productos, servicios y procesos de trabajo en organizaciones.
El problema es que como en casi todas las aproximaciones desde lo cuantitativo a los fenómenos humanos, el objeto de estudio queda al final diluido entre tanto número; se pierde sistemáticamente lo que desde el principio no se valoró, porque se sigue pensando que no se puede estudiar "científicamente" lo que no se puede cuatificar.
Eso sí, cuando las estadísticas no convienen, se silencian rápidamente, o se llama a un nuevo cocinero que las maquille.
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LA VIGILANCIA A TRAVÉS DE LAS ESTADÍSTICAS