Qué hacer ante una crisis suicida


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En los últimos años han aumentado considerablemente las situaciones de autolesiones, suicidio e intento de suicidio. Intervenir de forma rápida y adecuada es vital tanto en la prevención como en la repetición de intentos. Jorge López lleva años trabajando en una línea de atención suicida y nos ha ayudado en la elaboración de este listado de aspectos a tener en cuenta. Es importante señalar que en caso de encontrarte en una situación así debes llamar al servicio de urgencias o a la línea de atención suicida (024 en España).

1. Tomar en Serio:

Toda expresión de pensamientos suicidas debe ser considerada con la máxima seriedad. No minimices, ni juzgues. Escucha atentamente, y valida los sentimientos de la persona, mostrando que su dolor es real y significativo. Y muy importante, dejemos de bromear sobre el suicidio. Cuando tenemos un disgusto normal, expresiones como «me quiero morir» o «me quiero suicidar» no son formas de lidiar con ese malestar, señalemos esto también. No se bromea con el suicidio.

2. Recopilar Información:

Antes de llevar a cabo una intervención, que debería ser llevada a cabo por profesionales, es fundamental recopilar toda la información disponible que pueda ser útil para negociar con la persona en crisis. Esto implica hablar con familiares, amigos, o personas presentes en la zona de la intervención que puedan proporcionar un contexto valioso sobre la persona en crisis. Parte de esto es revisar si hay información sobre intervenciones previas. 

3. Evaluar la seguridad de la Escena antes de empezar la intervención:

Antes de intervenir en una crisis, es esencial evaluar la seguridad del entorno y las personas presentes, incluida la persona en crisis. Esto implica identificar peligros físicos, como objetos cortantes o sustancias tóxicas, y considerar el acceso a medios de suicidio. Además, si es posible, se debe modificar el espacio de la intervención para facilitar una comunicación efectiva y segura, minimizando distracciones y creando un ambiente propicio para la intervención. 

4. Reducir activación emocional:

Antes de acercarte físicamente a la persona en crisis, es fundamental pedir permiso, lo cual puede ser tan simple como preguntar: «¿Puedo acercarme un poco más para hablar contigo?». Este gesto ayuda a establecer confianza y evita movimientos bruscos que podrían asustar o alterar a la persona. Si la persona está muy agitada, es importante trabajar para reducir la activación del momento usando un tono suave y calmado. Además, siempre que sea posible, se debe reducir la estimulación ambiental, minimizando la presencia de otras personas, ruidos fuertes o luces brillantes.

5. Ganar Su Confianza Validando Sus Sentimientos, Situación y Dolor:

Una vez que hemos entablado contacto verbal, debemos presentarnos con nuestro nombre y preguntar por el nombre de la persona en crisis. Utiliza su nombre a lo largo de la intervención para reforzar la conexión personal. Es fundamental emplear un tono calmado y empático. Enfocar la conversación en la persona en crisis; recordarle que no están solos. Fomentar la ventilación emocional permitiendo que la persona exprese sus sentimientos sin temor a ser juzgada; valida sus emociones al reconocer que lo que siente es legítimo y comprensible dadas las circunstancias. Usa preguntas abiertas que inviten a expresarse y compartir.

6. Evaluar Riesgo:

Evalúa el riesgo de suicidio de manera directa y comprensiva, preguntando sobre los pensamientos suicidas y explorando aspectos clave como el cómo, cuándo y dónde, ya que te permitirá entender mejor el grado de elaboración del plan. Es importante considerar si hay consumo de sustancias que puedan estar afectando su juicio. Además, investiga los sentimientos de desesperanza e impulsividad, así como cualquier antecedente de crisis previas. No olvides explorar la existencia de conductas de cierre, como cartas de despedida o la entrega de pertenencias, ya que estos pueden ser indicativos de un riesgo mayor.

7. Satisfacer necesidades inmediatas:

Explora e identifica las necesidades inmediatas de una persona en crisis, como la alimentación, la hidratación y el frio. Una vez identificadas, atiende las necesidades para crear un ambiente seguro y de apoyo. De esta manera, no solo satisfaces una necesidad física, sino que también demuestras cuidado e interés genuino, lo que puede incrementar la confianza y reducir la ansiedad y el estrés.

8. Actuar con Naturalidad al Explorar las Causas de la Crisis:

Es esencial abordar la conversación con una actitud relajada y natural mientras indagamos sobre las causas y antecedentes de la crisis. Evitemos el uso de jerga técnica o términos clínicos que puedan generar incomodidad. En su lugar, enfoquémonos en mostrar un interés auténtico y empático por la situación de la persona. Preguntemos sobre qué ha desencadenado la crisis y las razones detrás de sus pensamientos suicidas, creando un espacio seguro donde la persona se sienta escuchada y comprendida, respetando los espacios de silencio. 

9. Identificar Problemas y Alternativas:

Acompaña a la persona en la identificación de sus estresores y en la búsqueda de alternativas. Explora los aspectos positivos, apoyos sociales y anclajes usando preguntas orientadas a provocar nuevas perspectivas. El objetivo aquí no es resolver los problemas, sino fomentar un espacio de reflexión que genere ambivalencia en los pensamientos suicidas, permitiendo así ganar tiempo y abrir la puerta a nuevas posibilidades.

10.Colaborar para crear un ambiente seguro para negociar un aplazamiento:

Es fundamental trabajar en conjunto con la persona en riesgo para crear un entorno más seguro. Esto implica limitar el acceso a medios letales, como armas o medicamentos, y evaluar la posibilidad de negociar un pacto de no suicidio que fomente la esperanza y el compromiso. Además, es crucial no dejar a la persona sola en ningún momento, brindándole apoyo constante y explorando la posibilidad de un traslado o evaluación profesional que pueda ofrecerle ayuda complementaria.

11. Cuidado personal después de la intervención:

Es fundamental reconocer que todas las personas involucradas en una intervención de suicidio pueden verse afectadas emocionalmente por la experiencia. Por ello, es esencial tomarse el tiempo para procesar lo sucedido y practicar el autocuidado. En momentos difíciles, es importante recordar que, aunque hemos hecho todo lo posible por ayudar, la decisión final recae en la persona en crisis. No debemos cargar con la responsabilidad de sus elecciones, siempre y cuando hayamos actuado dentro de nuestro ámbito de práctica. Prioriza tu bienestar emocional tras una situación así.

Iñaki López
ilopez@psicologiaenmadrid.es

Psicólogo psicoterapeuta acreditado como Psicólogo General Sanitario. Experto en psicoterapia, EMDR y técnicas activas. Experto en meditación y coaching. Psicólogo de opositores.