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Son mas de 80 millones en EE.UU, y en España representan ya a una población de mas de ocho millones de personas. Se trata de la franja de jóvenes entre 18 y 33 años que en el año 2025, según la consultora Deloitte supondrán el 75% de la fuerza laboral mundial. Son los jóvenes mejores  preparados que ninguna sociedad ha tenido nunca, con un poder de compra de 1,3 billones de dólares, pero que, sin embargo, está comprando mucho menos que sus predecesores. Los millennials alargan su adolescencia hasta los 40 años, sufren un paro sin precedentes, desconfían de los bancos y las instituciones, y por eso no se hipotecan con la compra de viviendas y coches. Son individuos que a la hora de trabajar valoran mas el enriquecimiento personal y el grado de satisfacción y prestigio que el trabajo les pueda proporcionar, que la retribución económica. Ya no vale trabajar dónde sea al precio que sea, el millennials exige de la empresa una actitud ética, por eso siempre preferirán  Sillicon Valley antes que un puesto en Wall Street. Es la generación nativa de Internet, la primera que ha crecido en la red  participando activamente en las redes sociales y en el intercambio de información, la opinión es la que cuenta e inclina la balanza sobre un producto u otro, una empresa, una película, un libro. Es la generación que duerme con su smartphone, del selfie, del crowdfunding, los vehículos compartidos, de los huertos urbanos, del libro electrónico y los contenidos gratis, pero paradójicamente,...

Seguramente muchos de los padres y madres que leáis este artículo os sentiréis identificados con las preocupaciones que nos han transmitido algunas de las personas que acuden a nuestras consultas, por eso esperamos que esta lectura os sirva como orientación.

Cuando nos encontramos con que nuestros hijos han crecido, y que han pasado de ser niños a ser adolescentes, podemos sentirnos desorientados porque vemos que ha cambiado su manera de comportarse y de relacionarse con nosotros y con su entorno en general.

Por una parte, nos damos cuenta de que nuestros hijos reclaman que se les empiece a tratar como a adultos responsables, pero por otra parte vemos que continúan teniendo algunos comportamientos infantiles.

Es positivo asumir que nuestros hijos crecen y que el paso de la infancia a la adolescencia supone en muchos casos una crisis familiar. Entendiendo la palabra “crisis” como un momento de cambio que supone en el caso de la adolescencia una variación en las relaciones familiares, ya que nuestro papel como padres va cambiando a medida que nuestros hijos van madurando. Por lo tanto no debemos entender la palabra “crisis” como algo obligatoriamente malo, sino como un momento de transición que permite que acompañemos a nuestros hijos en su camino hacia la madurez.

Según un estudio comparativo realizado con distintos países europeos (España, Austria, Hungría y República Checa) el fenómeno del bullying se encuentra generalizado en todos ellos, aunque no con la misma incidencia, situándose España en un puesto intermedio. Además, los conflictos en las aulas que más preocupan a los padres son las peleas y los insultos, seguidos de las malas palabras en clase y la presencia de grupos que no se llevan bien. Los progenitores parecen especialmente preocupados por los problemas de entendimiento entre los alumnos y los profesores, así como afirman que en las aulas algunos alumnos portan objetos con los que pueden agredir a sus compañeros y señalan que el consumo de drogas se da principalmente en los lugares de ocio (Gázquez, Cangas, Pérez-Fuentes, Padilla y Cano, 2006).

Por otra parte, se está observando la emergencia de nuevas maneras de agresión entre alumnos. Una de estas formas de agresión que ha aparecido con las nuevas tecnologías es el cyberbullying, que hace referencia a una agresión intencionada, llevada a cabo por parte de un individuo o de un grupo, a través del uso de los medios tecnológicos, que se repite en diversas ocasiones, y ante la cual la víctima no puede defenderse fácilmente por sí misma. Según un estudio realizado por Ortega, Calmaestra y Mora Merchan (2008), con alumnos y alumnas desde 1º de ESO hasta 4º de ESO, la mayor incidencia de este tipo de acoso escolar se da mediante el uso de Internet y, menos frecuentemente a través del uso del teléfono móvil, en el siguiente orden de mayor a menor preva