11 Nov Si crees que la meditación no es para tí quizá este sea el motivo
Llevo más de 15 años utilizando técnicas meditativas en mi consulta. Lo he usado con adultos, personas mayores y niños, en ambientes clínicos y no clínicos, grupales e individuales. Yo mismo lo practico desde hace ya más de 20 años. Creo de verdad que es algo básico, positivo, terapéutico, rehabilitador, saludable, necesario. Y mucho más.
Además estoy convencido de que cualquiera puede aprenderlo, o encontrar el camino de iniciarse. Es como leer. Si no sabes leer es, por regla general porque no quieres. Hay un punto de partida, en el que estés, tal vez a cero (seguramente algo más), y un punto de llegada a pasos asequibles, y con metas posteriores si lo deseas.
Pero ya digo que todos los años me encuentro a personas que me dicen “mira Iñaki, no es por ti, pero la meditación no es para mi” o “de verdad que a mi no me funciona”. Todo lo cual yo nunca cuestiono, no tendría sentido en ese momento. Tengo unas pocas premisas claras en la vida, una de ellas es que cuando le das a alguien una respuesta, se la estás robando.
El caso es que hay personas que dicen que la meditación no es para ellas. Tú puedes ser una de ellas, no digo que no, aunque sólo ya desde el budismo se nos dice que hay 108 puertas a la iluminación, vete tú a saber si no será que has encontrado aún la tuya. Yo tras varios años de práctica, me he encontrado dos grupos de personas que piensan que este tipo de técnicas meditativas no puede ayudarles, pero primero te cuento una historia breve:
La versión más larga la tienes aquí. Baste decir por ahora que en 2014, Timothy D. Wilson y otros publicaron en la revista Science sus conclusiones de una serie de estudios que habían estado realizando él y otros colegas. Experimento que como tantos otros buscaba indagar sobre otra cosa totalmente distinta:
Encontraron que sorprendentemente una parte de los participantes, decidían voluntariamente aplicarse de nuevo las conocidas descargas dolorosas en lugar de permanecer 15 minutos con sus pensamientos, a pesar incluso de que habían dicho que pagarían 5 dólares por no volver a pasar por ello.
Te dejo que te recuperes del shock, aunque para mí como psicólogo clínico no es ninguna sorpresa. Preferimos hacernos daño a quedarnos a solas con nuestros pensamientos (y miedos). Conozco muchas personas que lo saben por propia experiencia. Explico muchas veces en terapia un tema importante: cuando nuestro cerebro deja de recibir estimulación exterior aparece lo que los psicólogos denominamos “red neuronal por defecto”, es como un programa raíz de inicio del sistema. A falta de otras cosas que atender, nuestra mente se pone en modo autorreferencial, aparecen rutinas referidas a uno mismo, con preguntas y rutinas tipo “¿cómo estás?”, “¿qué sientes?”, “¿qué te ha pasado?”, “¿cómo va tu vida?”, “¿cómo van los objetivos?”, “¿y qué tal de sentido?”, etc…
Son preguntas sencillas o puñeteras según se mire no digo que no, ese no es el tema hoy pero está claro que nos pueden conectar con preguntas profundas, como qué sentido tiene la vida y esas historias profundas que en el fondo están entre bambalinas de lo que hacemos cada día. Si el resultado de esas preguntas no fuera razonablemente positivo, o si lo acumulado a nivel de tu experiencia (sobre todo la que está aún sin procesar), las heridas de vida no tratadas o lo problemático, fuera mucho, podría ser ser perturbador conectar con todo ello. A veces recordarlo es perturbador. A veces desproporcionadamente.
Por eso Andrea y yo entendemos perfectamente que haya personas que prefieren auto-infligirse daño temporal leve a entrar en contacto con este proceso a solas, y más si es de forma no buscada o solicitada, ni controlada. Nosotros esto en terapia lo vemos, lo tratamos, lo resolvemos, acompañando, para que quedarse a solas con tus pensamientos no vuelva a ser un problema nunca más, sino una bendición si acaso. No miento. Es lo que pretendo con todas y cada una de las personas que tienen estos miedos y vienen a buscar nuestra ayuda. Y Andrea lo mismo, incluso con una enfermedad crónica. A tu ritmo, que es un poco el secreto.
Dicho esto, dije que para mí hay básicamente dos grupos de personas que piensan que la meditación no es para ellas. Las primeras son de las que acabamos de hablar, personas con algún tipo de estrés postraumático simple o complejo no tratado. Las segundas son personas que o bien hablan desde el prejuicio, o hablan por boca de otras, o que no han probado adecuadamente y de forma consistente y suficientemente continuada una buena técnica como la que ofrecemos nosotros. Si estás en el primer caso tal vez la meditación no sea temporalmente para ti, y necesitarás una psicoterapia para que la meditación pueda funcionarte.