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Os invitamos a conocer la iniciativa de concienciación ciudadana sobre el uso seguro de los medicamentos que han puesto en marcha desde el laboratorio de prácticas innovadoras en polimedicación y salud (PoliMedLabs) y No Gracias, en colaboración con OCU (organización de consumidores y usuarios)-Salud. La campaña se llama PastillasLasJustas.org. Se ha divulgado a través de la revista de salud de la OCU a partir de folletos informativos, en la página web y a través de las redes (#PastillasLasJustas). La campaña tiene por objeto divulgar una serie de consejos -algunos de ellos basados en la evidencia, otros de sentido común-, para un consumo más crítico, juicioso y prudente de los fármacos. Para ello, además de poder descargarte el folleto con las 7 reglas en conjunto o los de cada uno de los consejos por separado, pondremos a tu disposición una presentación para utilizar en tu centro de trabajo con tus compañeros o para actividades de educación para la salud ciudadana, y así contribuyes a divulgar la campaña y las reglas para el uso seguro de los medicamentos. Ningún medicamento tiene riesgo cero y son comunes los errores y los consumos inadecuados, con efectos adversos para la salud. Ten en cuenta, además, que el riesgo de que tengas problemas relacionados con los medicamentos es alto si...

Sobre todo, en un día como hoy, hay que tener en cuenta que cada persona, cada caso, es diferente y único. Y que normalmente, tras toda persona dependiente, hay una historia de cuidadores. [caption id="" align="aligncenter" width="540"] Incidencia de Alzheimer en el mundo[/caption] [caption id="" align="aligncenter" width="671"] Decálogo del cuidador de Alzheimer[/caption]
 Y una historia, y más datos de cuidadores, vía el ciudadan@s, del diario Publico.

“Yo sé lo que quiere cada vez que me mira”

Como casi siempre, se dispone a pedir el desayuno con la leve resignación de pensar que el camarero no le está prestando atención entre el murmullo y las prisas de la barra. !Oiga, cuando pueda!, insiste, a pesar de que sabe que, sin preguntar qué quiere, le llevará dos tazas de café y dos tostadas como lleva haciendo día tras día, salvo los fines de semana, claro. Vuelve a la mesa, la del fondo, la de la esquina de siempre, con ese ávido movimiento de los brazos sosteniendo el bastón, desafiando los tres taburetes que los separan, y donde ella lo espera. Cuando llegan los cafés, y él se cerciora de que la taza de su compañera está templada, tal y como siempre le repite al camarero, le acerca una servilleta y no da el primer sorbo hasta  ver que su compañera se dispone a ello. Entonces acaricia la taza de café, la moldea con fuerza. Hay que recoger la ropa tendida cuando lleguemos a casa, dice ella mientras trocea el pan y lo miga en el café. Él le pasa otra servilleta, como quien no ha escuchado la conocida retahíla. Hoy no hemos tendido nada, le contesta. Pero termínate el café, mujer, le insiste cuando ella se queda pensativa, acariciando la taza. El arco de sus ojos se insinúa, y  prosigue mojando en el café, convencida de que habrá que recoger la ropa cuando llegue a casa.