Psicólogo Madrid

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Ser Humano

«El futuro de nuestra sociedad occidental nos depara un mal histórico que quizá no sea ya la injusticia sino la despersonalización y la aparición de un tipo humano masificado, mecánico y uniforme para toda la tierra, en el que naufrague la creatividad y libertad de opción. Sin embargo habrá una élite más madura y reflexiva, una segunda educación que conducirá al superhombre, no ya en el sentido nietzscheano, sino en el del humanismo clásico, con una mayor coherencia de procesos mentales emocionales e instintivos»...

Todos hemos pasado por momentos en los que, muchas veces para nuestro propio asombro, dejamos de tener interés por aquello que nos estimuló durante mucho tiempo, incluso, toda nuestra vida y queremos un cambio. Una necesidad de cambio que nace en nosotros mismos y no viene impuesta por factores externos como la jubilación, una separación…etc. El trabajo por el que tanto luchamos y creímos deja de motivarnos; en el negocio en el que invertimos todo nuestro tiempo y energía descubrimos que ya no queremos ni darle ese tiempo ni esa energía. De pronto nace en nosotros una necesidad de cambiar nuestros hábitos, nuestras creencias, nuestra forma de vida, porque una necesidad apremiante de “nuevo”  se instala en nuestra rutina, y es en este momento cuando las grandes preguntas y la incertidumbre aparecen en nuestra cabeza ¿Sigo viendo la vida pasar, o me lanzo a lo desconocido? Es decir, sigo en mi pequeña zona de confort, conocida y amable, que aunque no me satisfaga ni cumpla ya mis expectativas, es un territorio conquistado y manejable, o por el contrario me lanzo a una aventura que, dependiendo la edad, la situación personal y económica, el aburrimiento acumulado o la falta de motivación, tendrá unas consecuencias u otras, pero en todo caso, casi siempre implicará rupturas, dolor y en definitiva una crisis en lo que nos rodea y en nosotros mismos. Esa necesidad de cambio, de viaje hacia lo desconocido, suele suceder entre los 40 y 50 años. En esta etapa de la vida, en la...

Como ya vimos, construir una relación afectiva con una persona altamente sensible no es tarea fácil, porque para el individuo PAS la vida no es fácil, y el entorno es una permanente fuente de agresión, pero también vimos que hay formas de gestionarlo y de convivir con ello. Convivir con una PAS pasa por diferentes etapas: niñez, adolescencia y madurez, y en cada una de ella encontramos rasgos muy marcados y distintos. El niño PAS suele ser un niño imaginativo y creativo, capaz de construir un sólido muro de fantasía a su alrededor que le protege de una realizad hiriente que le produce miedo, angustia, estrés y tensión. Pero en la adolescencia la imaginación deja paso  al profundo y rotundo sentimiento de incomprensión elevado al cubo, y que va mucho mas allá del sentimiento de incomprensión de todo adolescente. En la madurez, como ya vimos, las relaciones de pareja no son fáciles. La inseguridad y los celos se convierten en una emoción permanente, no hay límites, y si los hay se transgreden constantemente. La frustración y la desilusión se instalan en la relación y en muchas ocasiones, ese cuadro de insatisfacción se intensifica de tal modo que se transforma en otro puramente físico con dolores agudos, taquicardias...

Si enamorarse y las relaciones afectivas suponen una catarata de emociones, endorfinas, hormonas, sensaciones miedos y especulaciones, muchas veces difíciles de gestionar y elaborar,  dónde viajamos del éxtasis a la tristeza, y de la alegría a la melancolía con velocidades de vértigo. Esta experiencia puede mas desbordante si cabe para una persona con rasgo PAS o altamente sensible. Como ya comentamos en nuestro post "Coaching en personas altamente sensibles", las personas con rasgo PAS, tienen una percepción del mundo amplificada. Hay autores que etiquetan a los individuos con rasgo PAS como personas como un don especial dada su gran conciencia hacia los estímulos sutiles, su enorme capacidad de observación, empatía con las emociones del otro y su creatividad; pero también son personas reactivas que siempre están a la defensiva, alerta al más mínimo de talle que puedan considerar como una agresión. Son quisquillosos y susceptibles lo que les avoca, inevitablemente, a sentirse más afectados o heridos, dado que su umbral de dolor y frustración es considerablemente mas bajo que el del resto del mundo. Aunque son personas que gustan de la soledad pues no se sienten cómodos en la sociedad, en el grupo, también son personas que sucumben a las flechas de cupido, incluso con mayor facilidad que la media.  Es más, dentro de ese 20% de individuos que conforman el segmento poblacional de PAS , encontramos a muchos enamoradizos, aunque también podemos encontrar en el polo opuesto, a individuos con rasgo PAS que huyen de las relaciones amorosas por el alto...

Cuando dejamos de entender el corazón como una válvula o una víscera, y por ahí van los tiros de la ciencia moderna, el corazón cobra conciencia y se transforma en el primer  canal de información de nuestro cuerpo, antes que el cerebro. La matemática Anne Marie Marquier es una de las muchas voces que se alzan hoy en día para reivindicar, probar y demostrar que el corazón es en si mismo un sistema nervioso autónomo con más de 40.000 neuronas, que cuenta con una intrincada red de neurotransmisores, hormonas, proteínas y células, lo que lo convierte en un órgano con capacidad de pensar y actuar al margen de las ordenes del cerebro, pudiendo desde aprender, recordar y percibir. Estas capacidades o cualidades del corazón son debidas a cuatro tipo de conexiones distintas que realizan el corazón y el cerebro y que van desde las puramente neurológicas, bioquímicas, biofísicas y energéticas. La primera conexión entre el corazón y el cerebro es neurológica. Aunque nos resulte raro, el corazón envía mas datos al cerebro de los que recibe, convirtiéndolo en el único órgano del cuerpo con autonomía para inhibir o activar determinadas partes del cerebro influyendo de este modo en nuestra percepción de la realidad. Una segunda conexión se realiza a nivel bioquímico. El corazón el encargado de producir el péptido natriurétrico auricular  ANF, hormona fundamental para garantizar  la homeostasis del cuerpo. Pero el péptido ANF  no se detiene ahí ya que uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés...