Terapias

Hay un ejercicio que me encanta hacer en la consulta. Puede parecer de primeras muy sencillo pero da mucho juego y a la mayor parte de la gente les resulta sorprendente. El ejercicio trata sobre nuestros derechos personales, aquellos que todos tenemos y que siempre deberíamos velar para que se respetaran. Aunque los derechos personales puedan parecer muy obvios, con frecuencia me encuentro en mi consulta de psicología que muchas personas no son tan siquiera conscientes de ellos y descubren que durante años no han ejercido algunos de estos derechos. Los derechos personales son un concepto básico, delimitan el respeto mínimo que debe darse entre dos personas y también el respeto que nos debemos a nosotros/as mismos/as. Además, pueden estar en el origen de problemas de depresión, de ansiedad, autoestima, de acoso laboral, de relación de pareja, etc., por eso es importante trabajarlos bien en psicoterapia.

Todos y todas tenemos de vez en cuando la necesidad de relajarnos pero no siempre encontramos tiempo para hacerlo. Hoy os propongo un sencillo ejercicio de mindfulness con el que podréis relajaros en 15 minutos. He llamado a este ejercicio Paseo Consciente, ya que combina un hecho tan sencillo como pasear con el mindfulness. Antes de desarrollar el ejercicio quiero detenerme a enumerar varios de los múltiples beneficios que tiene pasear tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente. Y lo mejor es que es un tipo de ejercicio asequible y fácil de hacer. La mayor parte de nosotros tenemos posibilidad de dar un paseo en nuestro día a día....

Un día más quiero compartir con vosotros una técnica para que podáis relajaros en vuestros día a día y para que podáis alejar vuestras preocupaciones. Gracias a la relajación podemos combatir el estrés y la ansiedad que están presentes en nuestras vidas, así como podemos mejorar nuestro estado de ánimo. Además, con la relajación ayudamos a que nuestro cuerpo se libere de tensiones y sobrecargas, por lo que también sentimos un beneficio a nivel fisiológico....

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Todos hemos pasado por momentos en los que, muchas veces para nuestro propio asombro, dejamos de tener interés por aquello que nos estimuló durante mucho tiempo, incluso, toda nuestra vida y queremos un cambio. Una necesidad de cambio que nace en nosotros mismos y no viene impuesta por factores externos como la jubilación, una separación…etc. El trabajo por el que tanto luchamos y creímos deja de motivarnos; en el negocio en el que invertimos todo nuestro tiempo y energía descubrimos que ya no queremos ni darle ese tiempo ni esa energía. De pronto nace en nosotros una necesidad de cambiar nuestros hábitos, nuestras creencias, nuestra forma de vida, porque una necesidad apremiante de “nuevo”  se instala en nuestra rutina, y es en este momento cuando las grandes preguntas y la incertidumbre aparecen en nuestra cabeza ¿Sigo viendo la vida pasar, o me lanzo a lo desconocido? Es decir, sigo en mi pequeña zona de confort, conocida y amable, que aunque no me satisfaga ni cumpla ya mis expectativas, es un territorio conquistado y manejable, o por el contrario me lanzo a una aventura que, dependiendo la edad, la situación personal y económica, el aburrimiento acumulado o la falta de motivación, tendrá unas consecuencias u otras, pero en todo caso, casi siempre implicará rupturas, dolor y en definitiva una crisis en lo que nos rodea y en nosotros mismos. Esa necesidad de cambio, de viaje hacia lo desconocido, suele suceder entre los 40 y 50 años. En esta etapa de la vida, en la...