Psicólogo Madrid

es parte de PAIDEIA

Crisis

«El futuro de nuestra sociedad occidental nos depara un mal histórico que quizá no sea ya la injusticia sino la despersonalización y la aparición de un tipo humano masificado, mecánico y uniforme para toda la tierra, en el que naufrague la creatividad y libertad de opción. Sin embargo habrá una élite más madura y reflexiva, una segunda educación que conducirá al superhombre, no ya en el sentido nietzscheano, sino en el del humanismo clásico, con una mayor coherencia de procesos mentales emocionales e instintivos»...

¿Cuantas veces hemos deseado vivir la vida a través de los otros  poniendo en jaque nuestra autoestima, como si nosotros no tuviéramos una propia llena de experiencias personales que merecieran la pena ser vividas y acabamos  cotilleando y criticando al otro?Cuando esto sucede forma esporádica en un contexto social, lo podemos considerar bueno o malo, pero en ningún caso es mas que un simple comportamiento social, el problema viene cuando se cruza ese limite y esas comparaciones se vuelven recurrentes y obsesivas, en ese caso el apoyo de un psicólogo se hace necesario. Pero yo me voy a quedar en un estado anterior, cuando esas comparaciones son como una leve música de fondo que nos acompaña, y como transformarlas de fermento para una baja autoestima, a aliciente para mejorar nuestras vidas.Cuando las vidas de los que nos rodean o simplemente de los "amigos" de Facebook, son el reflejo dónde buscamos nuestras carencia, debilidades y frustraciones hay algo que no funciona. En esta sociedad hipermediática dónde lo privado ha dejado de tener ese carácter, y no hablo de la vulnerabilidad de los datos personales, si no a los que voluntaria y conscientemente compartimos en las redes sociales, han transformado la existencia de todo quisqui en un edén maravilloso, lleno de acontecimientos felices y grandes sonrisas. Buscar en esos lugares un reflejo donde mirarse resulta un viaje garantizado hacia la frustración, porque por lo general, esa manera de buscar no es mas que un acto masoquista,  que termina culpando al otro por...

Todos hemos pasado por momentos en los que, muchas veces para nuestro propio asombro, dejamos de tener interés por aquello que nos estimuló durante mucho tiempo, incluso, toda nuestra vida y queremos un cambio.Una necesidad de cambio que nace en nosotros mismos y no viene impuesta por factores externos como la jubilación, una separación…etc. El trabajo por el que tanto luchamos y creímos deja de motivarnos; en el negocio en el que invertimos todo nuestro tiempo y energía descubrimos que ya no queremos ni darle ese tiempo ni esa energía.De pronto nace en nosotros una necesidad de cambiar nuestros hábitos, nuestras creencias, nuestra forma de vida, porque una necesidad apremiante de “nuevo”  se instala en nuestra rutina, y es en este momento cuando las grandes preguntas y la incertidumbre aparecen en nuestra cabeza ¿Sigo viendo la vida pasar, o me lanzo a lo desconocido? Es decir, sigo en mi pequeña zona de confort, conocida y amable, que aunque no me satisfaga ni cumpla ya mis expectativas, es un territorio conquistado y manejable, o por el contrario me lanzo a una aventura que, dependiendo la edad, la situación personal y económica, el aburrimiento acumulado o la falta de motivación, tendrá unas consecuencias u otras, pero en todo caso, casi siempre implicará rupturas, dolor y en definitiva una crisis en lo que nos rodea y en nosotros mismos.Esa necesidad de cambio, de viaje hacia lo desconocido, suele suceder entre los 40 y 50 años. En esta etapa de la vida, en la...