Artículos Divulgativos

Comunica bien tus deseos, pensamientos y emociones eligiendo las palabras adecuadas, pero además valorando previamente si el contenido es el adecuado y lograrás generar empatía en tus relaciones. Es bueno echar una mirada atrás y ver de dónde venimos, más que nada por dónde estamos llegando o a dónde hemos llegado gracias a la comunicación de baja calidad a la que nos estamos habituando a pequeña y a gran escala. Después de la ultima saturación mediática que hemos vivido con las elecciones, los dimes y los diretes que han salpimentado periódicos, telediarios, foros, entrevistas y debates, reflexiono y me doy cuenta que no es más que un ejemplo a gran escala, por el alcance de la difusión que alcanzada, que pone en evidencia lo que nos encanta hablar a voz en grito o entre susurros sobre la vida ajena sin reflexionar sobre las repercusiones, generalmente negativas, que tiene o pueden llegar a tener ciertos comentarios. Hablar es uno de las facultades más relevantes que tiene el ser humano, y que lo diferencia de las otras especies. El habla ha convertido al ser humano en lo que es hoy: la especie dominante del planeta. Hablamos para comunicarnos, para transmitir al otro información sobre nuestras experiencias, emociones y situaciones. Pero comunicar no se trata de emitir palabras aisladas, como si estuviéramos leyendo un diccionario, sino que transmitimos frases que además cargamos de emotividad y contenido psicológico, y que transmitimos a otro, que a su vez traduce y dota de contenido propio que puede o no coincidir...

El otro día leía un artículo en El Confidencial sobre un experimento que realizó Arthur Aaron en 1997 para estudiar cómo pueden llegar a intimar en una hora dos desconocidos. Lo curioso del experimento no es tanto su objeto de estudio inicial, sino que para su sorpresa en algunos de los casos esas dos personas llegaban a enamorarse, consolidaban su pareja e ¡incluso se casaban posteriormente! [embed]https://www.flickr.com/photos/darkolina/3298883610[/embed] ¿Queréis saber cómo se enamoraban en una hora? Aquí os dejo un extracto del artículo:
En estos días el WhatsApp está envuelto en polémica por los dos ticks azules, hay a quien le parece buena idea, otros los ven como una pérdida de privacidad y a otros simplemente no les importa. Hoy escribo sobre el WhatsApp no tanto por esta polémica, sino más bien por los problemas de comunicación que puede generar utilizar este tipo de servicio de mensajería instantánea.
el problema viene cuando no somos conscientes de que el lenguaje escrito tiene sus limitaciones y con él nos faltan elementos de la comunicación que si no aclaramos pueden generar malentendidos
En primer lugar me gustaría dejar claro que el WhatsApp puede ser una herramienta muy útil en nuestras relaciones sociales ya que es una vía asequible y práctica para estar conectados con los demás. No sólo podemos mandar mensajes escritos, sino también compartir fotos de momentos especiales, enlaces interesantes, etc. Con lo cual el WhatsApp bien utilizado tiene su parte positiva. [embed]https://www.flickr.com/photos/_fxw/10783156626[/embed]

Como ya hemos hablado otras veces, aprender a relajarnos nos ayuda a reducir nuestra ansiedad, nuestro estrés y mejora nuestro estado de ánimo cuando nos sentimos con depresión.

Es importante que cuando lleguemos a casa tengamos un rincón que nos sirva como nuestro “refugio” de tranquilidad

Por todo ello es importante que cuando lleguemos a casa tengamos un rincón que nos sirva como nuestro “refugio” de tranquilidad, donde poder estar un tiempo con nosotros mismos, tranquilos, en calma y sintiendo que estamos verdaderamente en nuestro hogar. Esto nos ayudará a desconectar del ritmo acelerado que llevamos fuera de casa y nos permitirá hacer una transición entre el estrés de nuestro trabajo y nuestro espacio personal y familiar.

Para crear “mi lugar” debemos buscar un rincón en nuestra casa que nos agrade (basta con un pequeño rincón) y donde podamos estar tranquilos y solos por unos momentos. Opcionalmente podemos acondicionar este lugar con objetos que nos resulten acogedores, tranquilizadores y que los sintamos como nuestros (por ejemplo unas figuritas, unos pañuelos, láminas, algún recuerdo emotivo…)

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