Author: Monica Lamberti

Lo que primero tenemos que decir es que: un introvertido no tiene por qué ser una persona tímida. La timidez tiene elementos de ansiedad y nerviosismo, y aunque el introvertido también puede ser tímido, estaríamos más bien una persona tranquila. Un introvertido es una persona interesada en la introspección y en su mundo interior. Nada que ver con aquellos que se sientan en una esquina a juguetear con su móvil, o tratan de pasar desapercibidos a toda costa. La introversión  es una cuestión de energía. El introvertido se siente pletórico, lleno de energía cuando está solo, pero cuando está en compañía, aunque sea de buenos y queridos amigos, esa energía comienza a disminuir. Detectar a un introvertido no es fácil, pues no se trata de poseer o no habilidades sociales, que las tienen, sino de cómo se relacionan. Por ejemplo en una charla nunca hablarán de trivialidades, sino más bien hablarán sobre ideas y conceptos. Pero esa charla, acabará costándoles una pérdida de energía que solo lograrán reponer explorando sus pensamientos y su mundo interior a solas. Por eso, que un introvertido quiera estar solo, no es un síntoma de depresión, sino una necesidad, a no ser que esa soledad venga asociada a sentimientos egodistónicos, es decir, que la persona no quiera ser así. De ser así, te recomendamos solicitar una cita con uno de nuestros psicólogos, porque aunque se trata de un rasgo estable de personalidad, hay determinadas estrategias o herramientas que se pueden aprender para reducir considerablemente estos sentimientos negativos, o cómo...

¿Cuantas veces hemos deseado vivir la vida a través de los otros  poniendo en jaque nuestra autoestima, como si nosotros no tuviéramos una propia llena de experiencias personales que merecieran la pena ser vividas y acabamos  cotilleando y criticando al otro? Cuando esto sucede forma esporádica en un contexto social, lo podemos considerar bueno o malo, pero en ningún caso es mas que un simple comportamiento social, el problema viene cuando se cruza ese limite y esas comparaciones se vuelven recurrentes y obsesivas, en ese caso el apoyo de un psicólogo se hace necesario. Pero yo me voy a quedar en un estado anterior, cuando esas comparaciones son como una leve música de fondo que nos acompaña, y como transformarlas de fermento para una baja autoestima, a aliciente para mejorar nuestras vidas. Cuando las vidas de los que nos rodean o simplemente de los "amigos" de Facebook, son el reflejo dónde buscamos nuestras carencia, debilidades y frustraciones hay algo que no funciona. En esta sociedad hipermediática dónde lo privado ha dejado de tener ese carácter, y no hablo de la vulnerabilidad de los datos personales, si no a los que voluntaria y conscientemente compartimos en las redes sociales, han transformado la existencia de todo quisqui en un edén maravilloso, lleno de acontecimientos felices y grandes sonrisas. Buscar en esos lugares un reflejo donde mirarse resulta un viaje garantizado hacia la frustración, porque por lo general, esa manera de buscar no es mas que un acto masoquista,  que termina culpando al otro por...

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Ya ninguna madre tendrá excusa para pedirle a su hijo que baje el volumen de su música heavy porque resulta que un estudio científico ha descubierto que estilos musicales como el heavy, el hardcore o el punk  tienen un efecto calmante para la ira. La Universidad de Queensland ha publicado un artículo  en cuyas conclusiones se echan abajo las teorías que afirman que la música llamada “extrema” induce a conductas violentas y agresivas. Y más allá de eso, concluye que el efecto de este tipo de música puede asimilarse al de un abrazo, ya que la persona que la escucha puede ver cómo se reducen sus niveles de estrés y hostilidad. Básicamente el estudio viene a decir que “unos señores psicólogos con bata blanca” han descubierto lo que muchos fans de este tipo de música sabían desde hace mucho tiempo: escuchar canciones de estos estilos musicales permite desfogar -de manera simbólica- la ira que a veces podemos sentir y ayuda a regular las emociones. En el estudio han participado 39 seguidores de dichos estilos musicales, de entre 18 y 34 años. A los participantes se les han inducido estados de ira hablando de temas que les provocasen malestar, como el trabajo o el dinero. Después se les ha pedido que escuchen 10 minutos de música heavy, hardcore, punk o screamo; para finalmente pedirles que permanecieran 10 minutos en silencio. El análisis de los resultados permite comprobar que los niveles de hostilidad y estrés de los participantes descienden tras escuchar la música. Si bien...

Actualmente el estrés es un compañero de fatigas de muchas personas que tienen que “sobrevivir” en un trabajo en el que día a día les explotan, en una vida en la que parece que nunca llegan a cumplir con las expectativas que se autoimponen, en un mundo en el que reina la incertidumbre de cómo irá el mañana...

Todos hemos pasado por momentos en los que, muchas veces para nuestro propio asombro, dejamos de tener interés por aquello que nos estimuló durante mucho tiempo, incluso, toda nuestra vida y queremos un cambio. Una necesidad de cambio que nace en nosotros mismos y no viene impuesta por factores externos como la jubilación, una separación…etc. El trabajo por el que tanto luchamos y creímos deja de motivarnos; en el negocio en el que invertimos todo nuestro tiempo y energía descubrimos que ya no queremos ni darle ese tiempo ni esa energía. De pronto nace en nosotros una necesidad de cambiar nuestros hábitos, nuestras creencias, nuestra forma de vida, porque una necesidad apremiante de “nuevo”  se instala en nuestra rutina, y es en este momento cuando las grandes preguntas y la incertidumbre aparecen en nuestra cabeza ¿Sigo viendo la vida pasar, o me lanzo a lo desconocido? Es decir, sigo en mi pequeña zona de confort, conocida y amable, que aunque no me satisfaga ni cumpla ya mis expectativas, es un territorio conquistado y manejable, o por el contrario me lanzo a una aventura que, dependiendo la edad, la situación personal y económica, el aburrimiento acumulado o la falta de motivación, tendrá unas consecuencias u otras, pero en todo caso, casi siempre implicará rupturas, dolor y en definitiva una crisis en lo que nos rodea y en nosotros mismos. Esa necesidad de cambio, de viaje hacia lo desconocido, suele suceder entre los 40 y 50 años. En esta etapa de la vida, en la...

La zona de confort es el espacio emocional en donde nos sentimos cómodos. No hay nada que temer, está todo controlado, es conocido, amable, fácil, pero quedarnos ahí  muchas veces no es tan cómodo como podría parecer y es necesario salir para crecer. En la zona de confort no se puede evolucionar emocionalmente pues no ha novedad, dificultad, adaptación y sobre todo lo que no hay es creatividad....