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Lo que primero tenemos que decir es que: un introvertido no tiene por qué ser una persona tímida. La timidez tiene elementos de ansiedad y nerviosismo, y aunque el introvertido también puede ser tímido, estaríamos más bien una persona tranquila. Un introvertido es una persona interesada en la introspección y en su mundo interior. Nada que ver con aquellos que se sientan en una esquina a juguetear con su móvil, o tratan de pasar desapercibidos a toda costa. La introversión  es una cuestión de energía. El introvertido se siente pletórico, lleno de energía cuando está solo, pero cuando está en compañía, aunque sea de buenos y queridos amigos, esa energía comienza a disminuir. Detectar a un introvertido no es fácil, pues no se trata de poseer o no habilidades sociales, que las tienen, sino de cómo se relacionan. Por ejemplo en una charla nunca hablarán de trivialidades, sino más bien hablarán sobre ideas y conceptos. Pero esa charla, acabará costándoles una pérdida de energía que solo lograrán reponer explorando sus pensamientos y su mundo interior a solas. Por eso, que un introvertido quiera estar solo, no es un síntoma de depresión, sino una necesidad, a no ser que esa soledad venga asociada a sentimientos egodistónicos, es decir, que la persona no quiera ser así. De ser así, te recomendamos solicitar una cita con uno de nuestros psicólogos, porque aunque se trata de un rasgo estable de personalidad, hay determinadas estrategias o herramientas que se pueden aprender para reducir considerablemente estos sentimientos negativos, o cómo...

Todos hemos pasado por momentos en los que, muchas veces para nuestro propio asombro, dejamos de tener interés por aquello que nos estimuló durante mucho tiempo, incluso, toda nuestra vida y queremos un cambio. Una necesidad de cambio que nace en nosotros mismos y no viene impuesta por factores externos como la jubilación, una separación…etc. El trabajo por el que tanto luchamos y creímos deja de motivarnos; en el negocio en el que invertimos todo nuestro tiempo y energía descubrimos que ya no queremos ni darle ese tiempo ni esa energía. De pronto nace en nosotros una necesidad de cambiar nuestros hábitos, nuestras creencias, nuestra forma de vida, porque una necesidad apremiante de “nuevo”  se instala en nuestra rutina, y es en este momento cuando las grandes preguntas y la incertidumbre aparecen en nuestra cabeza ¿Sigo viendo la vida pasar, o me lanzo a lo desconocido? Es decir, sigo en mi pequeña zona de confort, conocida y amable, que aunque no me satisfaga ni cumpla ya mis expectativas, es un territorio conquistado y manejable, o por el contrario me lanzo a una aventura que, dependiendo la edad, la situación personal y económica, el aburrimiento acumulado o la falta de motivación, tendrá unas consecuencias u otras, pero en todo caso, casi siempre implicará rupturas, dolor y en definitiva una crisis en lo que nos rodea y en nosotros mismos. Esa necesidad de cambio, de viaje hacia lo desconocido, suele suceder entre los 40 y 50 años. En esta etapa de la vida, en la...

La zona de confort es el espacio emocional en donde nos sentimos cómodos. No hay nada que temer, está todo controlado, es conocido, amable, fácil, pero quedarnos ahí  muchas veces no es tan cómodo como podría parecer y es necesario salir para crecer. En la zona de confort no se puede evolucionar emocionalmente pues no ha novedad, dificultad, adaptación y sobre todo lo que no hay es creatividad....

Comunica bien tus deseos, pensamientos y emociones eligiendo las palabras adecuadas, pero además valorando previamente si el contenido es el adecuado y lograrás generar empatía en tus relaciones. Es bueno echar una mirada atrás y ver de dónde venimos, más que nada por dónde estamos llegando o a dónde hemos llegado gracias a la comunicación de baja calidad a la que nos estamos habituando a pequeña y a gran escala. Después de la ultima saturación mediática que hemos vivido con las elecciones, los dimes y los diretes que han salpimentado periódicos, telediarios, foros, entrevistas y debates, reflexiono y me doy cuenta que no es más que un ejemplo a gran escala, por el alcance de la difusión que alcanzada, que pone en evidencia lo que nos encanta hablar a voz en grito o entre susurros sobre la vida ajena sin reflexionar sobre las repercusiones, generalmente negativas, que tiene o pueden llegar a tener ciertos comentarios. Hablar es uno de las facultades más relevantes que tiene el ser humano, y que lo diferencia de las otras especies. El habla ha convertido al ser humano en lo que es hoy: la especie dominante del planeta. Hablamos para comunicarnos, para transmitir al otro información sobre nuestras experiencias, emociones y situaciones. Pero comunicar no se trata de emitir palabras aisladas, como si estuviéramos leyendo un diccionario, sino que transmitimos frases que además cargamos de emotividad y contenido psicológico, y que transmitimos a otro, que a su vez traduce y dota de contenido propio que puede o no coincidir...

Como ya vimos, construir una relación afectiva con una persona altamente sensible no es tarea fácil, porque para el individuo PAS la vida no es fácil, y el entorno es una permanente fuente de agresión, pero también vimos que hay formas de gestionarlo y de convivir con ello. Convivir con una PAS pasa por diferentes etapas: niñez, adolescencia y madurez, y en cada una de ella encontramos rasgos muy marcados y distintos. El niño PAS suele ser un niño imaginativo y creativo, capaz de construir un sólido muro de fantasía a su alrededor que le protege de una realizad hiriente que le produce miedo, angustia, estrés y tensión. Pero en la adolescencia la imaginación deja paso  al profundo y rotundo sentimiento de incomprensión elevado al cubo, y que va mucho mas allá del sentimiento de incomprensión de todo adolescente. En la madurez, como ya vimos, las relaciones de pareja no son fáciles. La inseguridad y los celos se convierten en una emoción permanente, no hay límites, y si los hay se transgreden constantemente. La frustración y la desilusión se instalan en la relación y en muchas ocasiones, ese cuadro de insatisfacción se intensifica de tal modo que se transforma en otro puramente físico con dolores agudos, taquicardias...