Infancia

La autoestima es básicamente cómo nos valoramos a nosotros mismos

Hoy nos adentramos en la definicion de autoestima (self-esteem en inglés), ya que es una palabra que todos utilizamos habitualmente pero cuyo significado no siempre  está claro. Además, como psicologa en consulta constato que gran parte del malestar que expresan los pacientes está relacionada con una baja autoestima, por lo que para sentirnos felices es importante tenerlo en cuenta.  Sunflower

La autoestima es básicamente cómo nos valoramos a nosotros mismos. Esta valoración abarca todo los ámbitos de nuestra vida y no siempre nos valoramos igual en todos estos ámbitos. De esta manera puedo sentir que tengo una "alta autoestima" en el ámbito laboral mientras que tengo una "baja autoestima" en lo relativo a mi aspecto físico.

Por lo tanto, ¿qué es tener una alta autoestima?

Tener una alta autoestima supone 'querernos a nosotros mismos', valorando nuestras virtudes y aceptando nuestros defectos. Es decir, supone valorarnos positivamente aunque sepamos que no somos perfectos pero que tenemos virtudes y rasgos que nos hacen únicos.

Cuando tenemos una buena autoestima no necesitamos que los demás nos expresen constantemente su aprobación y que nos halaguen, puesto que nos sentimos valiosos y seguros de nosotros mismos. También, cuando tenemos una alta autoestima nos sentimos seguros con nuestros criterios, opiniones y sentimientos, por lo que somos capaces de transmitírselos a los demás desde un estilo de comunicación asertivo (la asertividad).

Estamos en la recta final del curso y por estas fechas me consultan mucho como psicologo infantil sobre el apoyo escolar y las técnicas de estudio. Os acercamos a las variables que influyen en conseguir estudiar bien, ¡ánimo con los exámenes!: Lugar de estudio: ¿reúne las condiciones apropiadas? Ruido, iluminación, muebles, orden, elementos distractores, etc. Conocer el plan de estudios y los contenidos de las asignaturas. Conocer los métodos de evaluación. Saber en qué se relacionan las asignaturas. Material de estudio: Reunir todo el material necesario y organizarlo. Fijar tiempos de estudio y tiempos de descanso: Cada hora de estudio (u hora y media) realizar un descanso de 10-15 min. Llevar una buena alimentación: Horarios de comidas regulares; no abusar de las sustancias excitantes; no realizar comidas pesadas; ingerir una cantidad apropiada de proteínas y vitaminas. Realizar actividad física. Dormir bien. Atender a nuestro estado de ánimo: la depresion, ansiedad, baja autoestima, ansiedad ante los examenes, problemas en las relaciones sociales...

Difícil y paradójica cuestión mientras la violencia abunde tanto en la televisión y los videojuegos. [caption id="attachment_8674" align="alignright" width="300"] ¿Juegos violentos o sólo juegos en un mundo violento?[/caption] En Maryland, Estados Unidos, un niño de cinco años ha sido interrogado en su escuela sin conocimiento de los padres durante dos horas y expulsado posteriormente por enseñarle a un compañero una pistola de juguete en el autobús escolar. Por lo que cuentan, la pistola debía ser de esas de petardos que todo niño o niña que haya jugado a policías y ladrones, o indios y vaqueros, ha usado alguna vez, solo que el niño no llevó petardos. El compañero del niño le había enseñado el día antes su pistola de agua, y naturalmente, al día siguiente él quiso enseñarle la suya, suponemos con la sana intención de jugar con él (ya cada uno con su pistola). Todo esto sucede en medio de una gran polémica y sensibilidad sobre las armas y los juegos violentos en Estados Unidos. Algunos niños han sido castigados por apuntar con sus dedos a compañeros, o por hacer formas de pistolas con comida y luego decir “bang, bang”. Recordemos, se trata de un niño 5 años. Como en muchas escuelas, y no sólo en escuelas estadounidenses, a la hora de educar lo que impera es más el uso de protocolos que el del sentido común. Por tanto, en lugar de llamar a los padres, se activó un protocolo de seguridad en el momento que el policía encarnado por el niño apuntó con su...

Seguramente muchos de los padres y madres que leáis este artículo os sentiréis identificados con las preocupaciones que nos han transmitido algunas de las personas que acuden a nuestras consultas, por eso esperamos que esta lectura os sirva como orientación.

Cuando nos encontramos con que nuestros hijos han crecido, y que han pasado de ser niños a ser adolescentes, podemos sentirnos desorientados porque vemos que ha cambiado su manera de comportarse y de relacionarse con nosotros y con su entorno en general.

Por una parte, nos damos cuenta de que nuestros hijos reclaman que se les empiece a tratar como a adultos responsables, pero por otra parte vemos que continúan teniendo algunos comportamientos infantiles.

Es positivo asumir que nuestros hijos crecen y que el paso de la infancia a la adolescencia supone en muchos casos una crisis familiar. Entendiendo la palabra “crisis” como un momento de cambio que supone en el caso de la adolescencia una variación en las relaciones familiares, ya que nuestro papel como padres va cambiando a medida que nuestros hijos van madurando. Por lo tanto no debemos entender la palabra “crisis” como algo obligatoriamente malo, sino como un momento de transición que permite que acompañemos a nuestros hijos en su camino hacia la madurez.